Los perjuicios que provocan los retrasos en el pago

Además de las deudas incobrables hay que tener en cuenta el problema de los créditos morosos, es decir aquellos saldos de clientes que no se consiguen cobrar al vencimiento pero se acaban cobrando con retraso. Este tipo de impagados supone para las empresas una serie de costes muchas veces poco visibles para los gerentes de las empresas pero que desde el punto de vista económico soy muy importantes.

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La metodología para la gestión de recobros

 

Un buen estudio de la situación del impagado y del moroso permite al gestor tener definidos unos objetivos –es bueno que hayan sido determinado por el supervisor de cobros– que debe conseguir de su contacto con el deudor. Es recomendable que el gestor tenga unos objetivos principales a alcanzar en el acuerdo de pagos, y unos alternativos en función a como se desarrolle la negociación con el moroso.

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El reconocimiento de deuda

Como medida precautoria imprescindible ante cualquier impago o prórroga hay que conseguir del moroso un reconocimiento de deuda. El reconocimiento de deuda es un documento que no aparece regulado ni en el orden civil ni en el mercantil pero está reconocido por la jurisprudencia como un negocio jurídico unilateral por el que su autor reconoce la existencia de una deuda preexistente, manifiesta su voluntad de asumir la obligación, y fija un plazo y forma de pago del débito.

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La reclamación del impagado

El moroso domina a la perfección el antiguo método japonés de decir siempre a su interlocutor y pensar no.

Antes de negociar con un moroso es conveniente que el acreedor haya recabado una serie de informaciones y hecho un estudio para averiguar las expectativas de cobro y la viabilidad de un acuerdo con el deudor.

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