Solo el 7,4% de los monitorios logra que el moroso pague la deuda

La estadística judicial del CCGPJ de 2018 evidencia que solamente el 7,4% de los monitorios obtiene el cobro del deudor.

Durante décadas la utilización de la vía judicial para la reclamación de deudas incobrables ha sido el último recurso que tenía la empresa acreedora para cobrar de un moroso recalcitrante y no siempre se ha demandado judicialmente a todos los deudores que se lo merecían por razones de tiempo y coste.

Paralelamente, la eficacia en la tutela judicial del derecho de crédito de los proveedores españoles alcanzó unas elevadas expectativas cuando se promulgó la Ley 1/2000, de 7 de enero, de Enjuiciamiento Civil, que incorporaba en su articulado un novedoso proceso para reclamar deudas dinerarias: el proceso monitorio. Muchos pensamos en el año 2000 que, por los cauces de este proceso monitorio, nuestro nuevo Derecho Procesal Civil ofrecía una protección rápida y eficaz para recuperar el crédito dinerario líquido de muchos justiciables y, en especial, de profesionales, empresarios autónomos, microempresas y pequeñas y medianas empresas.

No obstante, casi 20 años después de su entrada en vigor en la jurisdicción civil, el proceso monitorio no cumple con las expectativas generadas de convertirse en un instrumento procesal rápido, simple, económico y eficaz para recuperar los créditos impagados, por lo que muchas empresas continúan pensando que siendo preferible llegar a un acuerdo amistoso con el moroso para el pago de la deuda, tal vez un mal acuerdo que interponer una demanda judicial y conseguir un buen pleito, pero no recobrar su crédito.

Además, el procedimiento monitorio se encuentra antes diversas dificultades para conseguir su objetivo: que el deudor moroso deje de dar largas y escaquearse y que pague la deuda de una vez.  Por un lado, la desaparición de miles de empresas que cambian de domicilio o cierran, con lo cual es muy difícil que pueda seguirse el proceso en su contra. Asimismo, se ha extendido la picaresca en muchos pequeños negocios de seguir trabajando, pero manteniendo permanentemente bajada la persiana con un cartel pegado que reza: “cerrado por reformas”; estas empresas “zombies” solamente abren la puerta cuando el visitante es un cliente o alguien que les puede reportar algún beneficio. De modo que cuando se persona la comisión judicial para hacerles el requerimiento, sencillamente no abren la puerta con lo que los funcionarios judiciales no pueden entregarles la providencia del Juzgado. Al no poder notificar personalmente al demandado el monitorio suele terminar con una diligencia negativa al no haberse localizado al destinatario de la comunicación. Otro inconveniente es que en la actualidad los juzgados están sobrecargados y las actuaciones judiciales son lentas lo que facilita la desaparición del moroso o la ocultación de sus bienes para evitar el embargo.

La publicación anual de estadística judicial del CCGPJ: La Justicia dato a dato del año 2018 revela que, de la totalidad de los 576.846 procesos monitorios presentados en los Juzgados de Primera Instancia en el año 2018, solamente el 7,4% de los monitorios obtuvo el cobro directo del deudor después de recibir del Juzgado el correspondiente requerimiento de pago.

En consecuencia, la petición inicial del procedimiento monitorio solo garantiza el cobro del crédito reclamado en un 7,4% de los monitorios ya que la petición inicial finaliza con el pago voluntario del deudor. Este porcentaje ha ido disminuyendo progresivamente a lo largo de los años; como botón de muestra, en el año 2017 el porcentaje de las peticiones iniciales de procesos monitorios que terminaban con el pago del moroso era del 8%. Y en el año 2002 este porcentaje alcanzaba el 20,40% de las peticiones iniciales de monitorios. Salta a la vista que el proceso monitorio, hoy por hoy, ya no ofrece una solución eficaz para que el acreedor consiga recobrar su crédito impagado. Nuestro legislador debe tomar buena nota de esta circunstancia y pensar en soluciones para mejorar y reforzar la eficacia del proceso monitorio.

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Autor: Pere Brachfield
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