¿Cuáles son los costes y gastos más importantes de las empresas?

Las empresas tienen que hacer frente a multitud de costes y gastos que hay que conocer para minimizarlos.

En la actualidad la información de costes se vuelve cada vez más crucial, pues los precios de los productos y servicios tienden a ser fijados por el mercado y no por los productores. La presión ejercida por la globalización desencadena guerras de precios que al final se convierten en guerras de costes haciendo que los negocios exitosos sean aquellos que tienen la capacidad de mantener o reducir sus costes a una velocidad mayor que la de sus competidores; o bien aquellos negocios que logran diferenciar sus productos y servicios de manera tal que sus precios no son fijados por el mercado. Hay que tener en cuenta que, en virtud de la optimización de los análisis, es posible desglosar exhaustivamente los costes de una empresa. Los costes se pueden clasificar en diversas categorías, siendo la más habitual la clasificación que se hace en los siguientes epígrafes: primero, los costes según el comportamiento; segundo, los costes según el periodo de tiempo; tercero, los costes según la imputación a productos; y cuarto, los costes según naturaleza.

Dentro del primer epígrafe, el de los costes según el comportamiento, se denominan así porque dependen o no de la producción que realiza la empresa y dentro de esta categoría se encuentran los costes fijos y los costes variables. Los costes fijos son los que se mantienen constantes a lo largo del tiempo, es decir, su importe no variará por mucho que cambie el nivel de producción o los recursos empleados. Son costes que no dependen del nivel de producción de bienes y servicios; aunque con el tiempo, sí que es posible que sufran variaciones. Por ejemplo, un alquiler de un local, que sube cada año un pequeño porcentaje. Además, estos gastos fijos se pagan de manera constante en periodos de tiempo, ya sean mensuales, trimestrales o anuales. Hay una serie de costes que prácticamente cualquier empresa debe asumir. A continuación, veamos algunos ejemplos de costes fijos: primero, el alquiler de un local u oficina, gasto que se paga de manera puntual, por regla general, cada mes. Al margen de si la empresa produce o no, tiene ingresos o no, es un gasto que sí o sí, debe asumir. Para muchos emprendedores que recién empiezan con su negocio, el alquiler de un local puede pasar a un segundo plano, pues es un coste muy elevado y que, a priori, se puede prescindir de él. Hoy en día existen muchas alternativas, una de ellas, por ejemplo, la de alquiler de oficinas por horas o el coworking. Segundo, los servicios y suministros básicos por gastos de teléfono, electricidad, gas y agua, donde se pagan facturas cada determinado tiempo, mensual, bimensual o trimestral por regla general. Tercero, el pago de seguros que la empresa tenga contratados, tales como seguros contra incendios o contra inundaciones y desastres naturales, contra robos, seguros de responsabilidad civil o cualquier aquel a empresa considere necesarios para el desarrollo de su actividad. Cuarto, los pagos por servicios de renting de maquinaria o automóviles empleados para el desarrollo de la actividad. Y quinto, pagos por la contratación de profesionales en modalidad de una cuota mensual fija, como pueden ser abogados o asesores, que prácticamente todas las empresas tienen contratadas. Un gasto fijo que se ha hecho fundamental para garantizar y asegurar la marcha del negocio dentro de la normativa vigente y evitando posibles conflictos legales. En definitiva, los costes fijos son gastos que permanecen invariables ante cambios en el nivel de producción; sin embargo, suponen un grave problema para las empresas puesto que, en caso de la productividad o los ingresos disminuyan, el importe de los costes fijos se mantiene igual, debiendo asumir su pago a pesar de todo. Es por esto que debemos tener siempre presentes los costes fijos a la hora de crear una empresa, para que podamos saber cuánto dinero necesitamos para subsistir económicamente.

Por otro lado, los costes variables son costes que varían en función del nivel de producción que se haga. Cuanto mayor sea este último, más elevado será el coste variable. El coste variable alude a todos aquellos costos que experimentan una variación cuando se modifica el volumen de producción de bienes y servicios de una empresa. Los costes variables son los gastos que cambian en función del nivel de actividad y de producción de bienes y servicios de una empresa en concreto. A los costes variables también se les conoce como nivel de unidad producida, precisamente porque son costos que irán cambiando al alza o a la baja en función del número de unidades que se produzcan. Los gastos variables en las empresas han adquirido gran relevancia, pues permiten maximizar los recursos de una empresa. En el sentido de que la empresa tendrá los costes que estrictamente requiera el nivel de producción de cada momento. Al contrario de lo que sucede con los costes fijos de un negocio. Imaginemos una empresa estacional, como puede ser una heladería. Este establecimiento tendrá grandes picos de ventas, siendo su momento de mayores ingresos en los meses de verano. Sin embargo, el resto del año, tendrá ventas, pero bastante menores. Si dependiera en su mayoría de costes fijo y tuviera que hacer frente a ellos durante todo el año, sería muy complicado hacer frente al negocio y poder rentabilizarlo. No obstante, si esta empresa trata de minimizar sus costos fijos e intentar depender en su mayoría de costes variables, en los meses que tenga una producción mucho menor, apenas tendrá costes variables. Un ejemplo de coste variable sería la materia prima empleada en particular para la producción de determinados artículos.

Dentro del segundo epígrafe, los costes según el periodo de tiempo, son costes que se analizan teniendo en cuenta el tiempo en que se generarán y así podemos encontrar los costes a corto plazo y los costes a largo plazo. Los costes a corto plazo se generan en un plazo inferior al año y los costes a largo plazo se generan en un periodo superior al año.

En el tercer epígrafe, el de los costes según la imputación a productos, si se puede considerar que provienen de un producto concreto, hay dos tipos de costos:  los costes directos y los costes indirectos. Los primeros son costes que se identifican plenamente con un producto concreto. Como costes directos tendríamos la mano de obra necesaria para la producción de un producto o la materia prima empleada. Los segundos son costes que, por el contrario, no pueden atribuirse directamente a cada uno de los productos de la empresa, debiendo establecer algún tipo de criterio de reparto y, así, poder repercutirlo sobre el precio final de venta. Ejemplo de costes indirectos: alquileres o suministros de energía.

Y en el cuarto epígrafe, el de los costes según naturaleza, en función de donde provengan los gastos también encontramos diferentes clases de costes. En primer lugar, los costes de amortización, que son costes relacionados con la depreciación de los bienes, así como los costes de reparación y mantenimiento a raíz del uso del material. Por ejemplo: los costes por uso de maquinaria o vehículos en el desarrollo de nuestra actividad económica. En segundo lugar, lo costes financieros, derivados del empleo de recursos de capital ajenos que una empresa necesita para su desarrollo. Por ejemplo, los intereses de un préstamo. En tercer lugar, están los costes de tributos, que son costes relacionados con el pago de impuestos a favor de la Hacienda Pública, tales como el Impuesto sobre actividades económicas o el Impuesto de sociedades. En cuarto lugar, tenemos los costes de personal, que son costes derivados del pago a todos los trabajadores que intervienen en el proceso de producción del bien o servicio. El ejemplo más común de costes de personal son las nóminas de los empleados. En quinto lugar, están los costes de materias primas, que son los costes de los materiales que se emplean de manera directa en la producción del bien o servicio. Por ejemplo, si somos los propietarios de una bodega, una de las principales materias primas empleadas es la uva. En sexto lugar, los costes de distribución, comercialización o venta, que son costes que se originan como consecuencia de trasladar el producto final al consumidor. Por ejemplo, si enviamos por avión la mercancía adquirida por el cliente las cajas de cartón homologadas, las tasas de envío y el flete.

 

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Autor: Pere Brachfield
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