El crédito comercial como motor de la economía

Otro punto es que la concesión de crédito comercial puede compensar la reducción en la oferta de crédito de las entidades financieras y el acceso a líneas de financiación bancaria, compensando el impacto de las medidas restrictivas adoptadas por la banca.

El mecanismo subyacente en esta argumentación consiste en que las empresas con mayor liquidez o con mayor acceso a los mercados de capitales pueden financiar a las empresas que han sufrido restricciones en la obtención de pasivo a corto para financiar su activo corriente. Esta financiación la proporcionan, bien aumentando el crédito suministrado a sus clientes, o bien ampliando los plazos de pago.

Al propio tiempo la utilización de crédito comercial en lugar del pago al contado incrementa la fluidez de los intercambios comerciales al reducir el volumen de ciertos costes financieros, de control de gestión y administrativos asociados al pago en efectivo. De entrada la posibilidad de concentrar los pagos de las facturas en determinadas fechas permite disminuir las constantes salidas de tesorería, optimizar la tesorería al tener la certidumbre de la corriente de pagos futuros, lo permite minimizar la existencia de saldos en las cuentas corrientes y consecuentemente reducir los costes fijos. Además el crédito comercial permite al comprador reducir costes operativos y racionalizar los flujos de caja.

La concesión de crédito comercial a los clientes constituye un elemento adicional, dentro de la estrategia de comercialización, que hace más atractivo el producto. La oferta de una combinación formada por un determinado producto y el servicio de financiación constituye un instrumento equiparable a una rebaja del precio efectivo y puede facilitar la expansión del producto. Además el proveedor consigue aumentar la demanda de la distribución minorista, manteniendo o incrementando el nivel de facturación, con lo que la mejora de las economías de escala permite reducir el coste de los artículos fabricados o de las existencias.

Hay que tener en cuenta que el crédito comercial supone diversos beneficios adicionales tanto para el cliente como para el proveedor. Ante todo el comprador se ahorra un importante coste financiero al obtener un crédito comercial del proveedor en vez de recurrir a las entidades bancarias. Según la Encuesta de Morosidad y Financiación Empresarial realizada por la Dirección General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa y la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa, el principal motivo por el que las empresas solicitan financiación bancaria es para financiar su circulante (59%) y, en menor medida, para financiar proyectos de inversión (24%) y refinanciar deuda (19%). Además en épocas en las que la rentabilidad del capital depositado en las entidades de crédito es baja, el vendedor obtiene un rendimiento efectivo superior otorgando crédito a sus clientes que el que obtendría de aplicar sus disponibilidades líquidas a otras colocaciones financieras a corto plazo. De modo que ambas partes tienen incentivos para desintermediar la financiación de las compras de bienes y servicios, repartiéndose loa márgenes de los intermediarios bancarios que, en otro caso, hubieran intervenido.

Igualmente para el comprador el recurso al crédito comercial le permite reducir el saldo medio mantenido en efectivo en las entidades de crédito con lo que se atenúa el coste de oportunidad derivado de la no utilización de instrumentos financieros alternativos. Además le permite financiar una parte importante de su activo corriente sin coste, acortar su ciclo de caja, reducir sus necesidades operativas de fondos y mantener un nivel de endeudamiento bancario menos elevado. Asimismo el pago aplazado frente al pago al contado otorga una protección adicional al comprador cuando surge algún litigio o discusión comercial respecto a los productos adquiridos; de esta forma el cliente tiene la sartén por el mango y le será más fácil conseguir del proveedor una rápida resolución de la disputa.

Para el proveedor la concesión de crédito comercial puede contribuir a facilitar una mejor gestión de las existencias, especialmente en el caso de productos que presenten una fuerte estacionalidad o de mercados donde la incertidumbre asociada a la demanda sea muy elevada. De este modo, una empresa, ante una contracción temporal de su demanda, puede optar por responder con una relajación de sus políticas de crédito en lugar de llevar a cabo un ajuste de su producción o una rebaja del precio de sus productos.

El inconveniente de otorgar crédito comercial a un cliente es que tenemos que confiar en su buena voluntad para que nos pague la factura a su vencimiento. Ahora bien, aquellos tiempos en los que la palabra era suficiente para garantizar el buen fin de las operaciones comerciales y en los que los malos pagadores eran señalados con el dedo y marginados de la actividad mercantil han pasado a la historia. La moralidad en el mundo de los negocios no sanciona las malas prácticas de pago y hoy en día el retrasar intencionalmente los pagos a los proveedores se considera muchas veces como equivalente a una buena gestión empresarial. En la actualidad se han extendido en España unos pésimos hábitos de pago, de los peores de toda la UE, que suponen un riesgo importante para las empresas proveedoras de bienes y servicios.

 

Artículo escrito por Pere Brachfield