Alerta, vuelve el timo del Nazareno

El timo del Nazareno vuelve a afectar a los negocios

Hace un par de semanas que la Guardia Civil emitió un comunicado advirtiendo a los empresarios que el timo del Nazareno vuelve a afectar a los negocios. Por el momento esta estafa ya ha afectado a cuatro empresas que han perdido cientos de miles de euros. En la jerga policial se conoce como el timo del Nazareno a todo un clásico en el mundo de los fraudes a empresas. La primera imagen que nos viene a la mente cuando oímos la palabra Nazareno es la del penitente que en las procesiones de Semana Santa va vestido con túnica, por lo general de color morado, sin embargo, esta palabra significa también un viejo timo que consiste en conseguir gran cantidad de artículos, por lo general de cierto valor intrínseco y de fácil reventa, sin tener que pagarlos. La verdad es que hasta ahora nadie ha podido decirme porque se denomina timo del Nazareno a esta estafa; el único paralelismo con el auténtico Nazareno es la procesión de acreedores que acuden a las instalaciones del estafador –por supuesto ya abandonadas– para reclamar sus créditos y averiguar lo que ha sucedido. 

El timo del Nazareno es todo un clásico de la antología de los timos, pero a pesar de su antigüedad, cada día hay empresas que son estafadas mediante este fraude. Generalmente las víctimas del timo del Nazareno son proveedores de artículos de fácil venta, como suministradores de bebidas alcohólicas, productores de embutidos, quesos y jamones, vendedores de pequeños electrodomésticos, distribuidores de artículos de electrónica, fabricantes de material informático, y cualquier empresa que comercialice productos de cierto valor intrínseco que se puedan colocar fácilmente en el mercado negro.

El modus operandi de los timadores para ejecutar el timo del Nazareno es siempre el mismo; en primer lugar, crear una empresa ficticia con documentación falsa o incluso constituir una sociedad mercantil legal, pero con personas marginales como socios, carentes de propiedades y titularidades, pero limpios de antecedentes de morosidad de modo que no aparezcan sus nombres en bases de datos financieros. Al frente de la empresa los estafadores nombran administrador único a un indigente, que a cambio de unos cientos de euros actuará de testaferro y firmará sin rechistar todos los papeles que le pongan delante. De esta forma los timadores construyen hábilmente una compañía mercantil con una sede social que le daba apariencia legal que les servirá de pantalla, con el aspecto de ser una empresa legítima y solvente y que será utilizada por los estafadores para establecer contactos con los proveedores. Luego la banda de estafadores alquila un local de oficinas al que da apariencia de una empresa en funcionamiento y toma en arrendamiento unos almacenes para recibir los pedidos, procurando que estén situados en un punto estratégico, cerca de un cruce de carreteras importante. Con posterioridad la organización de delincuentes abre cuentas bancarias a nombre de la sociedad fantasma y solicitan talonarios de cheques y de pagarés. Y por último la organización se dedica a contactar con proveedores e iniciar relaciones comerciales aparentando ser una empresa legalmente constituida, de acreditada solvencia y con buena liquidez.

Una variante del timo del Nazareno que se ha puesto de moda en la actualidad consiste en que el estafador compra la sociedad limitada a un empresario que se jubila; cuando digo que compra la sociedad me refiero a que únicamente adquiere la razón social pero no sus activos ya que solo necesita de una empresa legal, con sus cuentas saneadas y sin figurar en los registros de solvencia. El timador utilizará esta sociedad impoluta y con buena reputación para realizar importantes pedidos sin hacer frente a los pagos. Es muy difícil detectar este tipo de fraudes, puesto que los timadores utilizan empresas antiguas, con buen historial crediticio y unas cuentas anuales correctas, lo que les permite obtener crédito, incluso con las aseguradoras. Posteriormente, cuando se analiza el caso se descubre en los registros oficiales que estas empresas han sufrido en los últimos meses múltiples cambios de administradores o de capital. Incluso el domicilio social con el que figuran está situado en el centro de las ciudades, algo poco habitual en firmas que necesitan de grandes espacios de almacenaje.

Otra variedad del timo del Nazareno es la que se hace mediante la usurpación de identidad de una empresa solvente. Los timadores se presentan ante las empresas suministradoras como directivos de una firma conocida y entregan falsas tarjetas de visita. Los defraudadores realizan pedidos en nombre de dicha sociedad y ofrecen un pago a diez días por medio de cheque o pagaré. Si el proveedor pide informes comerciales de la empresa, éstos saldrán impecables, de modo que acepta el pedido y lo cursa sin demora. El fraude se produce durante el traslado de la mercancía. El transportista, contratado por el comprador, recibe una llamada antes de llegar al destino en la que le indican una dirección diferente de entrega. El suministrador estafado se encuentra que cuando trata de cobrar el documento cambiario, el pagaré no tiene fondos y cuando contacta con el supuesto comprador, descubre que todo ha sido una trama urdida para engañarlo. La empresa suplantada se negará a liquidar el importe adeudado por los estafadores. Si el acreedor intenta localizar a los desaprensivos, éstos habrán desaparecido y además solo tendrá datos falsos de los suplantadores, por lo que será muy difícil perseguirlos por la vía penal.

El timador suele tener un aspecto impecable, lleva buenos trajes, conduce coches de lujo, derrocha simpatía y buenos modales, y aparenta ser un hombre de negocios experimentado. El estafador se gana la confianza del incauto al pagar los primeros pedidos de mercancía religiosamente al contado, luego una vez ganada la confianza del suministrador, efectúa un pedido pequeño con el pretexto de que quiere hacer una campaña comercial y solicita un aplazamiento de veinte días para abonar los artículos. El vendedor no piensa renunciar a la posibilidad de hacer un negocio en una coyuntura como la actual, con una fuerte caída de la demanda y con un stock cuyo valor se deteriora cada día, y cuya financiación pesa en el pasivo, y pese a no tener garantías sobre la solvencia compañía le suministra a crédito los artículos.  Las dudas del proveedor desaparecen cuando el cliente paga esa primera factura al vencimiento y vuelve a los pocos días y encarga otro pedido, también pequeño. La operación se repite un par de veces más, siempre en los mismos términos, hasta que el comprador pasa un pedido importante con el pretexto de que quiere hacer una campaña comercial y solicita un aplazamiento de sesenta días para abonar los artículos.

Si el proveedor recela, el estafador le convence gracias a un discurso creíble, y el incauto cae en la trampa arrastrado por las ganas de lucrarse en un nuevo y prometedor negocio. En ocasiones el estafador entrega a los fabricantes cheques, pagarés o letras de cambio aceptadas y avaladas al suministrador, e incluso les facilita fianzas bancarias falsificadas para vencer cualquier resistencia. Esta misma operación la repite con docenas de incautos, hasta que el volumen de facturas acumuladas es ya suficientemente importante para que el defraudador, desaparezca sin dejar rastro con todos los artículos almacenados y, por supuesto, sin abonar un euro de las mercancías obtenidas fraudulentamente. Posteriormente el timador revende en el mercado negro todos los artículos almacenados, por debajo del precio de mercado; pero como para el defraudador el coste ha sido cero, todo lo que ingresa son beneficios. Cuando los proveedores hartos de no tener señales de vida de su cliente se presentan en el almacén del timador, se encuentran con un local vacío y sin el menor rastro de sus productos ni del comprador. De aquí seguramente viene lo del “Timo del Nazareno”, o sea por la procesión de acreedores que acude al establecimiento abandonado de los timadores a intentar averiguar lo que ha pasado con sus mercancías.

Los timadores tienen la habilidad de generar confianza entre los incautos, y consiguen que los proveedores sin apenas conocer a su nuevo cliente le envíen importantes pedidos. El exceso de confianza y las ganas de hacer negocios con demasiada rapidez son elementos favorables para este tipo de estafas, ya que los timadores consiguen embaucar a los proveedores incautos haciéndoles creer que juntos van a hacer muy buenos negocios. Vale la pena decir que existen varias pistas para reconocer a los timos del Nazarenos; en primer lugar, la mayoría de los fraudes son cometidos por empresas recientemente constituidas o que legalmente no han sido registradas. Por lo tanto, hay que comprobar la antigüedad real de la empresa solicitante y siempre hay que investigar a fondo las empresas con menos de un año de existencia. En segundo lugar, al solicitar la oferta, en la mayoría de los casos, no negocian los precios, lo que abre en muchos casos el interés del vendedor ante una venta fácil y lucrativa ante el desconocimiento del sector por parte del comprador.

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Pere Brachfield, socio director de Brachfield & Asociados Abogados