El riesgo de desfase en el cobro

Además del riesgo de demora en la liquidación de las obligaciones de pago existe el riesgo de desfase entre el vencimiento de pago y el ingreso.

Este desfase son los días adicionales que hay que sumar al período de pago contractual de un cliente una vez que se ha producido el vencimiento de la obligación.

El desfase total se puede dividir en dos subperíodos:

1) El retraso representado por el tiempo que transcurre desde el vencimiento teórico de la obligación de pago hasta que el proveedor recibe el instrumento de pago y puede ingresarlo en el banco.
Aquí juega la intencionalidad del cliente que procura enviar el medio de pago lo más tarde posible y ganar días de tesorería a su favor. A este retraso se le denomina float comercial.

2) El retraso técnico debido al instrumento de pago utilizado; cheque, pagaré, recibo; o sea es el período que transcurre entre la fecha de ingreso en el banco del documento de cobro y la fecha en que la empresa puede realmente disponer del importe líquido. Este periodo recibe el nombre de float financiero.

Por supuesto el crédit manager debe tener en cuenta como riesgo todo el plazo transcurrido desde el vencimiento hasta la disposición en valor. Este retraso en el cobro sucede en la mayoría de las operaciones comerciales y puede ser de sólo un par de días o de varias semanas. A continuación un ejemplo práctico de este riesgo adicional en el cobro:

El proveedor Areas S.L. realiza una venta a un cliente y acuerda un plazo de pago de 3 meses a contar a partir de la entrega de la mercancía, pero el cliente tiene una fecha fija de pago: el día 5 de cada mes.

El proveedor hace la entrega el día 18 de febrero y emite la factura por lo que la fecha de la factura es: 18 de febrero.
El vencimiento de la factura a 3 meses teóricamente sería el 18 de mayo.
Pero al tener el cliente un día fijo de pago y este ser el día 5 de cada mes, el vencimiento de pago pasa a ser: el 5 de junio.
El día 5 de junio el cliente envía por correo el cheque a Areas S.L..
El cheque llega al domicilio de Areas S.L. el día 10 de junio
La empresa Areas S.L. contabiliza el pago e ingresa el cheque en el banco el día 12 de junio.
Finalmente la fecha de compensación de valor en cuenta es del 15 de junio y a partir de esta fecha Areas S.L. puede disponer de los fondos en su tesorería.

La situación es que Areas S.L. ha percibido realmente el importe de la factura 118 días después de haber hecho la entrega de los bienes al cliente (28 días más que el plazo contractual).

El riesgo ha surgido el día 18 de febrero, cuando el proveedor realizó el envío de la mercancía y sólo se extinguió el día 15 de junio cuando se hizo efectivo el abono (suponemos que el cheque tiene fondos). Sin embargo Areas S.L. , teniendo en cuenta los hábitos de pago existentes hoy en día, no puede considerar como mala la forma como el cliente ha liquidado esta transacción.

Si analizamos el retraso total que se ha producido, vemos que 7 días corresponden al float comercial y 3 días al float financiero. Por consiguiente el proveedor cobra casi 1 mes más tarde del plazo teórico otorgado al comprador por culpa del efecto alargamiento; y eso que en este ejemplo no se puede decir que ha existido morosidad por parte del cliente.

Los riesgos del crédito comercial derivados del incremento de las cuentas de clientes

Hay que tener en cuenta que las cuentas de clientes a cobrar representan un importante empleo de recursos a corto plazo. Por consiguiente el volumen total de créditos comerciales que puede conceder una empresa viene condicionado por su propia estructura financiera y a sus posibilidades para obtener recursos financieros a corto plazo para financiar –o si se prefiere refinanciar– las cuentas de clientes.

Un incremento de la masa patrimonial del realizable provocada por un aumento de las cuentas de clientes pendientes de cobro supone para la empresa la necesidad de obtener mayores fondos que le permitan financiar esta masa del activo circulante. Esta circunstancia implica por un lado un coste financiero adicional para la empresa, y por otro lado impide que los recursos utilizados para financiar las cuentas de clientes puedan ser utilizados para otros fines más rentables para la compañía.

Para hacer frente a esta situación las empresas tienen varias opciones:

  • Una alternativa que tienen las empresas es conseguir repercutir la cuestión en sus propios proveedores, es decir renegociando las condiciones de pago y consiguiendo plazos de pago más dilatados. No obstante con frecuencia los proveedores no están dispuestos a conceder plazos de pago más largos, o si lo hacen es a cambio de aumentar los precios de los productos suministrados o de anular los descuentos y bonificaciones por pronto pago que aplicaban en las anteriores condiciones de pago.
  • Otra alternativa es poder financiar las cuentas de clientes con los flujos de caja provenientes de sus tesorerías, pero en la práctica las empresas no suelen generar suficientes excedentes de fondos para financiar los créditos comerciales.
  • Otra vía para es obtener liquidez de los propios créditos comerciales con el fin de refinanciar las cuentas de clientes. Esta operación se le denomina «movilización de los saldos de clientes» y consiste fundamentalmente en convertir en líquidos los montos inmovilizados a corto plazo en las cuentas pendientes de cobro de los clientes. La movilización de los créditos de clientes se puede conseguir recurriendo al descuento de efectos, cesión de créditos o al factoring, pero esta posibilidad de refinanciación presenta el inconveniente de tener elevados costes financieros y depender de la discrecionalidad de las entidades bancarias.
  • Otra alternativa es la de conseguir un aumento de los recursos propios o de los recursos ajenos a largo plazo; pero para la mayoría de las empresas es muy difícil obtener recursos estables que puedan mejorar su estructura de balance.
  • Y la última alternativa –que en la práctica empresarial es la más frecuente– es que las empresas han de acudir a las entidades bancarias para la obtención de créditos a corto plazo con coste – como pueden ser las pólizas de crédito– para financiar sus créditos a clientes.
Por consiguiente si las empresas optan por esta última opción, surgen nuevos riesgos que son: por un lado el aumento del endeudamiento a corto con coste, y por el otro tener que hacer frente al abono de nuevos intereses financieros.