La vida de Don Máximo Mor Osazo; moroso de profesión

Una pregunta que muchos empresarios me han hecho como morosólogo es como se puede reconocer a tiempo al moroso profesional y evitar entrar en riesgo con este tipo de personajes. Al Sr. Máximo Mor Osazo (personaje ficticio que encarna al profesional del impago) se le puede reconocer con cierta facilidad si seguimos aquel dicho de: «que por sus obras lo reconocerás». Por consiguiente es necesario estar atento a ciertos detalles para detectar a tiempo a los morosos profesionales,

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El moroso profesional no paga sus trajes

Un chiste que suelo explicar para caricaturizar el comportamiento y actitud ante la vida del moroso profesional es el que seguidamente les contaré:

Arturo Valdés, uno de los morosos profesionales más elegantes que han existido en España decide actualizar su vestuario y junto con Pepín, uno de sus mejores amigos (se lo lleva a la sastrería para que le sirva de asesor de imagen) acude al mejor establecimiento de Madrid para hacerse unos trajes a medida.

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El moroso que no podía dormir

Para ilustrar la caradura y desfachatez de los morosos suelo contar el siguiente chiste, que refleja en clave de humor el comportamiento de muchos desaprensivos:
_ Son las 3 de la madrugada y el Sr. Narciso Sinblanca, un «honrado empresario» y padre de familia no puede dormir; el pobre hombre lleva más de tres horas que dando vueltas en la cama completamente despierto sufriendo un ataque de ansiedad. Su esposa, María Cararoca, se ha cansado de la situación y le pregunta – «A ver Narciso, que te pasa, ¿se puede saber por que no puedes dormir?, son las 3 de la madrugada, te das cuenta que me estás dando la noche».

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Hágase lo que se deba y débase lo que se haga

Corría el año 1887 y el entonces alcalde de Barcelona, el prócer Don Francisco de Paula Rius i Taulet, se encontró con que el gran proyecto de la Exposición Universal que iba a colocar a la Ciudad Condal en la primera división de las urbes mundiales  se había paralizado por falta de financiación. Los promotores privados de la Exposición habían tirado la toalla porque el plan era demasiado costoso para su capacidad económica y no podían seguir sufragando el proyecto.

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