No quiero ser como Messi

Michael Douglas, encarnando el personaje de Gordon Gekko en el film “Wall Street”, pronunció un discurso lapidario: “La codicia, es buena; es necesaria y funciona. La codicia clarifica y capta la esencia del espíritu de evolución. La codicia en todas sus formas: la codicia de vivir, de saber, de amor, de dinero; es lo que ha marcado la vida de la humanidad».

Aunque la codicia no figura entre los siete pecados capitales, sí que se encuentra una prima suya: la avaricia. Santo Tomás de Aquino escribió que la avaricia es un pecado especial, porque es el amor desordenado de tener riquezas, asimismo el Santo aseveró que: “La avaricia es pecado directamente contra el prójimo, porque uno no puede nadar en la abundancia de riquezas exteriores sin que otro pase necesidad, pues los bienes temporales no pueden ser poseídos a la vez por muchos”.

En la época que vivimos, los principios morales están más regidos por el pensamiento de Gordon Gekko que el de Santo Tomás, y los deportistas de élite no son ajenos a este fenómeno, ya que no solo compiten en el terreno deportivo, sino a ver quien ocupa los primeros lugares del ranking que elabora la revista Forbes de los deportistas mejor pagados del mundo. Dentro de los mejores pagados, se encuentran varios futbolistas, como Cristiano Ronaldo y Lionel Messi. Según Forbes, el primero encabeza el Top 10 con ingresos de 77,6 millones de euros al año; Messi ocupa un honroso segundo puesto con 71,7.

Ante todo, quiero manifestar que antaño sentía simpatía por Leo Messi –aunque no soy del Barça ni me gusta el fútbol– en parte porque se llama igual que uno de mis nietos y también por su comportamiento discreto en lo concerniente a su vida pública y modestia en declaraciones ante los medios. No obstante, su condena a 21 meses de prisión por tres delitos fiscales y defraudar la suma de 4,1 millones de euros, y no haber asumido responsabilidades por los ilícitos penales cometidos, me han quitado los deseos de pedirle un autógrafo. Así pues, parafraseando el título del célebre filme británico “Quiero ser como Beckham” dirigido por Gurinder Chadha, puedo proclamar que “No quiero ser como Messi”

El denominado “Caso Messi” colea desde hace años, y la sentencia que lo ha condenado no ha servido para pasar página; más bien lo contrario. Aunque el “Caso Messi” puede ser objeto de una tesis doctoral y figurará en los tratados de jurisprudencia, permitiendo crear un precedente judicial que evite que los acusados de un delito fiscal, sin conocimientos tributarios acreditados, y que hubieran delegado en terceros la administración de sus negocios, pudieran salir impunes. Así pues, la sentencia ratificó la doctrina jurisprudencial que afirma que la actitud de quien se mantiene en una situación de «no querer saber» integra la denominada «ignorancia deliberada», que permite la imputación subjetiva de la conducta delictiva, descartando la tesis de la defensa del futbolista, que pretendía utilizar como eximente la ignorancia del jugador, y obtener del tribunal la exoneración de la conducta delictiva.

Otro punto es la reacción del FC Barcelona, que ha impulsado una insensata campaña para lavar la imagen del famoso futbolista con la etiqueta #TodosSomosLeoMessi. La puesta en marcha de esta campaña en las redes sociales para apoyar a su gran estrella, ha sido un error garrafal del Barça que algún día podrá figurar en los manuales de relaciones públicas como modelo que no hay que imitar. En lugar de aprovechar los meses de verano para que el asunto se enfríe y confiar en el olvido de los medios de comunicación, el Barça ha impulsado un intento digno de la novela de George Orwell “1984”, para manipular a la opinión pública. El tiro les ha salido por la culata, ya que numerosos intelectuales, periodistas, deportistas, políticos, actores, escritores y juristas, –muchos de ellos reconocidos culés de toda la vida– han mostrado su rechazo a este intento de lavar la imagen de Messi.

Incluso el ministro de Justicia en funciones, Rafael Catalá, ha cuestionado públicamente que el FC Barcelona intente minimizar la responsabilidad que un tribunal ha establecido en una sentencia y ha contestado a su campaña de apoyo a Leo Messi con esta oración: «Yo no soy Messi; yo no he cometido ningún delito fiscal».

Hay que hacer notar que el sindicato de técnicos de Hacienda, Gestha, pidió al FC Barcelona que dé marcha atrás a su campaña de apoyo a Leo Messi en las redes sociales y calificó de irresponsable la reacción del club. Los técnicos de Hacienda consideran además que el eslogan de apoyo lanzado por el club azulgrana, que reza «Todos somos Messi», supone la antítesis de la campaña «Hacienda somos todos», que trata de concienciar a la ciudadanía de la importancia de pagar impuestos. Gestha aseveró que una entidad como el FC Barcelona, con tanta proyección en todo el mundo, haya lanzado una campaña de este cariz no sólo es desafortunado, sino que además hace un flaco favor a la pedagogía fiscal que es tan necesaria. En otras palabras, esta campaña no es nada edificativa para la ciudadanía.

En otro orden de cosas, me viene a la memoria el primer caso de una famosa que fue condenada en España por delito fiscal: Lola Flores. En el año 1987, la cantante folclórica fue procesada por delito fiscal, por no haber pagado 48 millones de pesetas a Hacienda. Recuerdo como si fuera ayer que la “Faraona” admitió públicamente su culpabilidad y, entre sollozos, declaró a los medios que si bien era cierto su delito con Hacienda, la habían escogido por ser un personaje popular, para enviar un aviso a navegantes. Además, pidió a Felipe González que le echara «una manita» para aliviar su situación. Finalmente la gran Lola fue condenada a pagar una multa de 28 millones de las antiguas pesetas (unos 168.000 euros); la bailaora salió bastante bien librada, ya que el fiscal solicitaba dos años y un mes de prisión, multa de 96 millones de pesetas y una indemnización de 52 millones de pesetas para el Estado.

Pere Brachfield, director de Brachfield & Morosólogos Asociados, BCN