La imposible ejecución judicial de Manolo el moroso de “13 Rue del Percebe”

La eficacia de las ejecuciones judiciales en reclamación de impagados en su índice más bajo de la historia

Cuando era un niño era un gran aficionado a leer los tebeos de Editorial Bruguera: Pulgarcito, Tío Vivo, DDT. En Tío Vivo mi página favorita era la de las viñetas de la serie “13 Rue del Percebe” (creada en 1961 por el genial dibujante Francisco Ibáñez, quien es también autor del guion y dibujos) transcurre en un destartalado edificio sin fachada, en el que podemos ver el interior de cada uno de los pisos. Es una comunidad de vecinos, donde viven personajes curiosos y en cada historieta sucede algo cómico. La serie consta de páginas de uno en uno, es decir, cada página es el edificio con sus vecinos y sus chistes.  Yo creo que 13 Rue del Percebe es una de las mejores historietas del cómic español, y que buena parte del éxito se debió a su novedosa estructura que ha creado un nuevo género en el mundo de la tira cómica. Cada personaje de la serie es ya de por sí una fuente inagotable de humor sano.

Mi personaje favorito era Manolo el moroso, el personaje más popular de “13 Rue del Percebe”, tira cómica creada en 1961 por el genial dibujante Francisco Ibáñez. Manolo es el Moroso que vive en una buhardilla de la azotea del edificio, y que en cada viñeta es continuamente acosado por una legión de acreedores enfurecidos. En las escenas dibujadas por Francisco Ibáñez, el moroso se las ingenia para eludir a sus acreedores, muchas veces utilizando estratagemas fantásticas, que la mayoría de las veces le salen bien. Con respecto al personaje de Manolo el moroso, una leyenda negra afirma que está basado en el popular dibujante Manuel Vázquez Gallego –más conocido como Manolo Vázquez– pues éste también era un reconocido moroso. Salta a la vista que el nombre coincide, pero tanto Francisco Ibáñez como Manolo Vázquez (fallecido en 1995) negaron esta circunstancia.

El genial humorista Manolo Vázquez fue la encarnación del perfecto moroso impenitente y sentó las bases para tener el paradigma del deudor empedernido. Pero a diferencia de la legión de imitadores que tuvo y tiene, Manolo Vázquez nunca se avergonzó de su condición de moroso recalcitrante; a diferencia de lo que ocurre con los morosos habituales, Manolo Vázquez se jactaba de ser un deudor contumaz y de haber convertido su conducta de “no quiero pagar” una filosofía que guío su existencia hasta el final de sus días.

Entre las viñetas protagonizadas por el moroso de “13 Rue del Percebe” que más me hicieron reír hay tres que permanecen de forma indeleble en mi recuerdo. La primera, a mi modo de ver la mejor viñeta dibujada por Francisco Ibáñez sobre Manolo el moroso, por la profunda sátira a la actitud de moroso que contiene, es una en la que dos acreedores cabreados comentan: “¡Tendrá caradura! ¡Y encima se pone la placa en la puerta! En la viñeta se ve dibujada una placa en la puerta de la buhardilla (una placa como la que utilizan los médicos y profesionales liberales) que pone: “Manolo deudor”. Y lo más importante es que Francisco Ibáñez, con este dibujo, otorgó carta de naturaleza al moroso de profesión.

La segunda viñeta de 13 Rue del Percebe se puede ver en pleno invierno a Manolo el Moroso en el interior de su miserable buhardilla que no tiene calefacción; pero Manolo está confortablemente sentado y feliz calentándose delante de un gran fuego en el que queman una gran cantidad de documentos; en el dibujo sale el siguiente bocadillo: “Manolo: ¡Je, je! ¡Con todos estos avisos de embargo, voy a pasar un invierno de aúpa!”.

En la tercera viñeta de 13 Rue del Percebe, se ve por un lado a un grupo de acreedores entusiasmados porque después de muchos trámites procesales en los tribunales por fin han conseguido una orden de embargo contra el moroso de la buhardilla, los acreedores en sus respectivos bocadillos sueltan exclamaciones llenas de alegría como: “venderemos sus muebles y cobraremos todos” y “eso, eso, a embargar”. Y por otro vemos a Manolo con la puerta de su buhardilla abierta y atendiendo a un atónito agente judicial que tiene en la mano una orden de embargo. El agente se encuentra con que Manolo el moroso está totalmente desnudo y tapándose las partes íntimas con un periódico en un habitáculo totalmente vacío a excepción de unas telas de araña que cuelgan de la pared; Manolo el moroso con una gran sonrisa dice: “así que vienen a embargar, ¿eh?”.

Para reclamar el pago de una deuda el acreedor puede recurrir a ejercitar una acción de reclamación de cantidad ante un órgano jurisdiccional. Los procesos declarativos son aquellos juicios en los que el Juzgado debe declarar un hecho; verbigracia, la existencia de una deuda y la condena al pago de la misma. Igualmente, el artículo 248 LEC dice que toda contienda judicial entre partes que no tenga señalada por la ley otra tramitación, será ventilada y decidida en el proceso declarativo que corresponda. Los procesos declarativos pueden ser procedentes cuando no el acreedor no posea títulos valores que le permitan acudir al juicio cambiario, o cuando no le interese ir a un procedimiento monitorio. A la clase de procesos declarativos pertenecen el juicio ordinario y el juicio verbal.

Los procesos citados, se califican de ordinarios porque sirven para tramitar las pretensiones que no necesitan de una tutela más específica, mientras que existen otras pretensiones que han de obtener la tutela judicial efectiva por medio de procesos especiales y sumarios. La LEC del 2000 ha optado por reducir al mínimo los procesos especiales, que quedan regulados en el Libro IV, de manera que todas aquellas pretensiones de parte que no se encuentren entre las incluidas en dicho Libro, se tramitarán a través de los dos tipos de juicios citados por el artículo 248, es decir, el ordinario y el verbal.

Hay que hacer notar que mediante estos procesos declarativos el demandante sólo obtiene una sentencia (declaración) del juez, o sea una decisión judicial por la que se declara la existencia de un determinado derecho para el demandante y una obligación para el demandado. Sin embargo, si el demandante quiere hacer efectivo su derecho, deberá acudir a un procedimiento de ejecución posterior, o lo que es lo mismo, deberá ejecutar la sentencia. Por consiguiente, una vez realizadas todas las actuaciones judiciales y obtenida una sentencia de condena, cuando la misma sea firme debe procederse a su ejecución a través del correspondiente procedimiento ejecutivo, que se inicia con la presentación de la demanda ejecutiva y que, ante el impago del deudor, al que ya no será necesario requerirle nuevamente de pago, se deberá proceder al embargo y ejecución forzosa de los bienes del deudor.

Pues bien, en la actualidad podemos decir que la mayoría de los acreedores suelen obtener una sentencia de condena que satisface teóricamente su reclamación de crédito, pero que luego esta sentencia condenatoria contra el deudor no les sirve para recobrar su dinero. El motivo es que un gran porcentaje de las actividades de ejecución son improductivas porque los morosos ejecutados sufren el síndrome de “Manolo el Moroso de 13 Rue del Percebe”.

En apoyo a esta afirmación, un buen dato para saber la eficacia de las ejecuciones es el “Octavo Indicador: ejecución de las resoluciones judiciales” del Observatorio de la actividad de la justicia publicado por Wolters Kluwer. Este indicador de calidad mide el número de ejecuciones de sentencias firmes dictadas por juzgados y tribunales que se han llevado a buen fin, en relación con el número total que fueron solicitados. El informe publicado en 2019 reveló que dicho indicador para 2017 es del 37,42%; asimismo, este dato implica un descenso sobre el año anterior (2016) que fue del 39,10%. Además, este índice es el peor que se ha obtenido desde que se publica dicho indicador de eficacia en las ejecuciones judiciales; en comparación con épocas pretéritas, el indicador del año 2008 era del 55,79%.

El informe publicado por Wolters Kluwer indica que ejecutar lo juzgado no resulta lo exitoso que debería ser y el Observatorio lo atribuye a falta de medios especializados y dotados del personal adecuados para el ejercicio de esta competencia judicial.

 

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Autor: Pere Brachfield
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