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Brachfield Credit & Risk Consultants
Riesgo de crédito

El dinero con el paso del tiempo cambia de valor

16 NOV 2016 · 4 MIN
El dinero con el paso del tiempo cambia de valor

En la coyuntura económica actual que experimenta la economía europea, nos estamos acostumbrando a tipos de interés cero e incluso tipos negativos y a inflaciones medias anuales negativas, lo que se conoce como deflación; les confieso que cuando estudiaba economía jamás pensé que viviría una situación así y que este supuesto solo era pura teoría. Y los expertos reunidos por el Banco Central Europeo (BCE) en su conferencia anual, vaticinaron que la era de los tipos de interés reales muy bajos durará cinco años más, hasta 2021.

No obstante, esta situación es provisional y conviene recordar un principio en una coyuntura normal de la economía, que hay que siempre hay que tener en cuenta –y mucho más en ciclos económicos inflacionistas– es que el dinero tiene un valor cambiante en el tiempo y debe ser considerado como un valor relativo y mutante. Una máxima en finanzas dice: “el dinero con el paso del tiempo pierde valor” (y a mayor inflación, más valor pierde); por tanto una unidad monetaria recibida hoy vale más que la misma unidad monetaria recibida dentro un mes. Lo que importa del dinero es su poder adquisitivo; por consiguiente no es lo mismo disponer hoy de diez mil euros que –por ejemplo– poder hacerlo dentro de medio año. La inflación, el aumento de los precios y las fluctuaciones de las monedas pueden cambiar después de los seis meses el valor de las diez mil unidades monetarias, depreciándolo cuantiosamente (pensemos en un país como Venezuela con el elevado índice de inflación y los tipos de interés por las nubes). Otro punto es que la empresa acreedora puede recibir intereses sobre el dinero recibido hoy o lo puede invertir en proyectos empresariales y obtener un rendimiento.

Por consiguiente en algunos contextos económicos –por ejemplo durante procesos inflacionarios o de devaluación de la moneda– el proveedor que concede un crédito durante un período de tiempo prolongado se expone a que cuando el cliente liquide finalmente el importe aplazado, el valor del dinero habrá sufrido una pérdida importante, menguando considerablemente la rentabilidad de la operación comercial. Por lo tanto los proveedores deberán tener en cuenta el factor de la inestabilidad del valor del dinero al hacer cualquier clase de operaciones con pago aplazado y tener prevista la posible depreciación de la unidad monetaria utilizada.

Un axioma en la concesión de créditos es que el acreedor ha de tener confianza en la promesa de pago del deudor. La base de la concesión de un crédito comercial es la confianza que el proveedor tiene, no solamente en la promesa, sino también en la solvencia económica y moral del cliente. Por este motivo es clave la opinión que dicho proveedor tenga sobre la capacidad del deudor de cumplir puntualmente los compromisos económicos. Si no existe confianza es inconcebible de que un proveedor pueda conceder crédito comercial a un comprador puesto que la concesión del crédito se basa en la confianza.

El proveedor ha de conceder el crédito al comprador basándose en la opinión existente acerca de su solvencia, situación económica, honorabilidad y reputación. Si un comprador objetivamente –y en vista información fiable– no merece crédito, es mejor plantearle otras alternativas comerciales –como ofrecerle un descuento por pago al contado– en lugar de ceder a las presiones comerciales y concederle un crédito puesto que el argumento clásico de los vendedores es que si no se le da la posibilidad de comprar con pago aplazado, seguro que otra empresa del sector si lo hará y se perderá una venta. El razonamiento del departamento comercial es que como consecuencia de denegar esta clase de créditos se pierde cuota de mercado y se fortalece a la competencia, y que por lo tanto es necesario otorgar el crédito y asumir el riesgo. Este argumento no es válido puesto que el cliente insolvente acabará impagando y por lo tanto provocando pérdidas al suministrador de bienes o servicios que le ha vendido a crédito, por lo tanto los competidores a corto o medio plazo saldrán perjudicados y sufrirán quebrantos económicos por vender a clientes poco solventes.

En un marco ideal el proveedor que concede un crédito comercial a un cliente habría de tener la seguridad que la situación económica y las condiciones morales de éste le facultan plenamente para ser merecedor de un aplazamiento en los pagos.  No obstante en la práctica mercantil es muy difícil  –por no decir imposible– tener la certeza absoluta de que un cliente realizará el pago de la totalidad de la deuda en la fecha pactada, puesto que siempre existen factores imprevistos o hechos fortuitos –dejando aparte la intencionalidad del deudor– que pueden malograr una operación comercial y dejar al acreedor sin cobrar. El  cliente más solvente puede convertirse de la noche a la mañana en insolvente debido a factores externos que modifiquen su capacidad de pago o su situación financiera.

Por este motivo cualquier concesión de un crédito implica asumir un riesgo ya que aunque la expectativa del acreedor es que recibirá el importe que se le adeuda en la fecha prevista, siempre existe la incertidumbre –por pequeña que sea– del buen fin de la operación. Asimismo hay empresas que asumen un mayor nivel de riesgos concediendo conscientemente créditos a clientes menos solventes ya que siguen una estrategia empresarial determinada. Si estas estrategias de riesgos funcionan pueden  aportar beneficios pero en caso contrario provocan importantes pérdidas económicas.

 
 

Autor: Pere Brachfield, director de Brachfield & Morosólogos Asociados, BCN

 Todos los derechos reservados

 

 

AUTORAbogado, profesor universitario, conferenciante y especialista en credit management y gestión de la morosidad, con 36 años de experiencia (desde 1990) y más de 15 libros publicados sobre la prevención de impagos, la gestión del crédito comercial y la recuperación de deudas.Trayectoria y libros →

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