Empresas y familias ante un escenario cada vez más difícil

La liquidez se ha convertido en el principal desafío para empresas y familias en un entorno de creciente incertidumbre económica

Nunca la gestión empresarial había dispuesto de tantas herramientas tecnológicas ni de tanta información. Sin embargo, muchos empresarios tienen la sensación de que cada año resulta más difícil hacer aquello que constituye la esencia de cualquier negocio: trabajar, vender, cobrar y crecer.

La prosperidad no puede consistir únicamente en resistir

Durante décadas, la sociedad avanzó con la esperanza de que cada generación viviría mejor que la anterior. El progreso económico, el desarrollo tecnológico y la mejora de las condiciones laborales parecían conducir hacia una vida más cómoda y estable. Sin embargo, esa percepción ha cambiado de forma notable en los últimos años.

Hoy, empresas y familias tienen la sensación de dedicar una parte cada vez mayor de sus esfuerzos no a progresar, sino simplemente a mantenerse a flote. Lo que hace apenas unas décadas constituía una aspiración razonable – crear una empresa, formar una familia, acceder a una vivienda, disponer de un empleo estable y disfrutar de una calidad de vida digna – se ha convertido para muchos en un desafío permanente.

No se trata de una percepción aislada. Es una realidad que se aprecia diariamente en el tejido empresarial y también en la vida cotidiana de millones de personas.

Empresas sometidas a una presión constante

Dirigir una empresa nunca ha sido sencillo. El riesgo forma parte de cualquier actividad económica y la incertidumbre siempre ha acompañado a los empresarios. Sin embargo, muchos coinciden en que el entorno actual exige un esfuerzo extraordinario para mantener la viabilidad del negocio.

Las organizaciones deben hacer frente a una combinación de factores que reduce cada vez más sus márgenes de maniobra: presión fiscal, inflación, burocracia, competencia global, aumento de los costes financieros y laborales, cambios regulatorios, y, especialmente, un preocupante incremento de los retrasos en los pagos y de los impagados.  Todo ello repercute en la liquidez y la capacidad de crecimiento de las empresas.

Cada uno de estos factores, por separado, podría resultar asumible. El problema surge cuando todos actúan simultáneamente, obligando a las empresas a dedicar una enorme cantidad de recursos simplemente a adaptarse.

En estas circunstancias resulta cada vez más difícil centrarse en aquello que realmente aporta valor: innovar, invertir, crear empleo y ofrecer un mejor servicio a los clientes.

Cuando las familias también sienten la presión

La situación empresarial tampoco puede desligarse de la realidad de las familias. Las empresas están formadas por personas y dependen de consumidores cuya capacidad económica condiciona directamente la actividad empresarial.

Muchas familias observan cómo mantener un nivel de vida razonable requiere un esfuerzo creciente. El acceso a la vivienda resulta más complicado, el ahorro disminuye y numerosos gastos considerados básicos absorben una parte importante de los ingresos.

El progreso auténtico debería consistir en facilitar que personas y empresas pudieran desarrollar su actividad con seguridad, estabilidad y perspectivas de futuro.

La estabilidad laboral no siempre ofrece la tranquilidad de otras épocas, al igual que el coste de muchos servicios esenciales continúa aumentando.

Formar una familia, criar hijos o simplemente planificar el futuro exige hoy asumir un nivel de incertidumbre que hace apenas unas décadas parecía impensable.

No se trata de aspirar a grandes lujos. Muchas personas únicamente desean desarrollar un proyecto de vida estable, pagar sus obligaciones tributarias, disfrutar de una vivienda digna, disponer de una sanidad eficiente, acceder a una educación de calidad y poder descansar unos días al año tras meses de trabajo.

Son objetivos razonables que constituyen la base de cualquier sociedad equilibrada.

Todo forma parte del mismo ecosistema económico.

Existe una estrecha relación entre la economía doméstica y la economía empresarial:

  • Cuando las familias reducen su capacidad de consumo, las empresas venden menos.
  • Cuando las empresas venden menos, disminuye su liquidez.
  • Cuando falta liquidez, aumentan los retrasos en los pagos.
  • Y cuando los retrasos se convierten en impagados, toda la cadena económica comienza a resentirse.

Una factura pendiente de cobro no afecta únicamente al proveedor, puede retrasar pagos a otros suministradores, dificultar el cumplimiento de obligaciones fiscales, limitar inversiones o incluso comprometer el empleo.

Por eso la morosidad no constituye únicamente un problema financiero. Es también un síntoma de un entorno económico sometido a una tensión creciente.

La gestión del crédito comercial adquiere una dimensión estratégica

Precisamente en un entorno como el actual, la gestión profesional del crédito comercial adquiere una importancia estratégica.

Conceder crédito de forma profesional, evaluar adecuadamente los riesgos, realizar un seguimiento continuo de los clientes y actuar con rapidez ante los primeros síntomas de incumplimiento ya no constituye únicamente una buena práctica, se ha convertido en un auténtico factor de supervivencia empresarial.

Las organizaciones que gestionan adecuadamente sus riesgos financieros disponen de mayor capacidad para afrontar ciclos económicos adversos y proteger su liquidez. Prevenir un impagado siempre resulta mucho menos costoso que intentar recuperarlo cuando ya se ha producido.

La confianza también necesita seguridad

La actividad económica se sostiene sobre la confianza.

Cada operación comercial implica confiar en que ambas partes cumplirán sus compromisos. Sin esa confianza sería imposible mantener el dinamismo de los mercados pero la confianza no debe confundirse con la improvisación.

La profesionalización de la gestión del riesgo permite que esa confianza descanse sobre criterios objetivos, información actualizada y procedimientos sólidos.

Las empresas que implantan sistemas eficaces de análisis y control del crédito comercial no solo reducen pérdidas. También fortalecen la confianza de clientes, proveedores y entidades financieras.

Recuperar el equilibrio

Es difícil identificar un único origen para la complejidad que caracteriza al momento actual.

Factores económicos, sociales, tecnológicos, políticos y geopolíticos interactúan de forma simultánea generando un escenario cambiante.

Sea cual sea el origen de esta complejidad, conviene recordar cuál debería ser el verdadero objetivo de cualquier economía: mejorar la calidad de vida de las personas.

Las empresas no existen únicamente para generar beneficios. También crean empleo, impulsan la innovación, producen riqueza y contribuyen al bienestar colectivo.

Del mismo modo, los ciudadanos no deberían dedicar la mayor parte de sus esfuerzos simplemente a superar obstáculos administrativos, financieros o económicos.

El progreso auténtico consiste en facilitar que personas y empresas puedan desarrollar su actividad con seguridad, estabilidad y perspectivas de futuro.

En el Aula de Formación de Brachfield Credit & Risk Consultants ayudamos a empresas y profesionales a fortalecer la gestión del crédito comercial, optimizar el cobro de facturas, reducir los riesgos de crédito y minimizar los impagados mediante programas de formación especializada.

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Cristina Vert – estudios y artículos sobre la morosidad