La importancia del crédito comercial en la economía

El crédito constituye la esencia del desarrollo económico; sin el crédito sería imposible la existencia del comercio ya que éste subsiste gracias al crédito.

La necesidad de otorgar al comprador plazo para el pago obliga, a su vez, al distribuidor a solicitarlo del fabricante. El crédito comercial, también denominado crédito interempresarial o “trade credit”, es el crédito que se conceden las empresas no financieras entre sí y representa un canal de financiación básico al margen de los tradicionales circuitos bancarios.

El crédito comercial se suele conceder de manera informal a través de aplazamientos del pago de una transacción sobre bienes o servicios, en la que el vendedor actúa “de facto” como prestamista y el comprador como prestatario. Los expertos definen el crédito interempresarial como un canal de financiación extra bancaria a corto plazo que permite la desintermediación financiera. En este sentido, aquellas empresas con mayor capacidad para acceder a los mercados de crédito pueden actuar como financiadores de sus clientes a través del cobro aplazado.

Los créditos comerciales que otorgan los proveedores son un claro fenómeno de extra bancarización financiera y se caracteriza por ser una actividad de amplio espectro y gran tradición en la mayor parte de los países y en particular en España. El desarrollo del crédito interempresarial tiende a ser mayor en un contexto de mercados de capitales imperfectos, o de restricciones de la financiación del activo circulante de las empresas, en los que el coste de financiación de un deudor individual puede variar en función de su solvencia. También cuando se endurecen las condiciones para obtener crédito o el coste de la financiación, es decir el tipo de interés para obtener pasivo a corto plazo de los bancos aumenta.

El aspecto menos positivo del crédito entre empresas es que siempre encierra un elemento de riesgo de impago al hacerse las empresas concesiones de créditos entre unas y otras bajo criterios no financieros. Esta situación puede provocar en una coyuntura económica de recesión el tan temido efecto del incumplimiento de sus compromisos de pago.

Por esto el crédito lleva consigo la eventualidad de la pérdida parcial o total de su importe, por no hacerse efectivo el pago a su vencimiento, por insolvencia del deudor o por intencionalidad del moroso. Esta contingencia constituye un riesgo que si no fuera contrarrestado de algún modo, salvaguardando el interés del proveedor, obligaría a efectuar las operaciones comerciales al contado, con la evidente restricción mercantil que ello significaría. Ahora bien, las empresas adoptan sistemas crediticios para disminuir el riesgo teniendo en cuenta que cualquier procedimiento que reduzca el riesgo produce el efecto de ampliar aún más el crédito, y por tanto, de ampliar las transacciones comerciales.

 

Artículo escrito por Pere Brachfield