El caso del cobrador de morosos que cobró en especie, con un puñetazo en la cara

La Ley penal protege la integridad corporal de la persona ya que es uno de los derechos fundamentales protegidos por el Artículo 15 de la Constitución Española de 1978:” Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes (…) “.

El delito de lesiones está tipificado en los artículos 147 y ss del CP que distingue entre lesiones graves tipificadas en el apartado 1 y leves recogidas en el apartado 2. La ley penal dicta que el delito de lesiones será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años, siempre que la lesión requiera objetivamente para su sanidad, además de una primera asistencia facultativa, tratamiento médico o quirúrgico. La simple vigilancia o seguimiento facultativo del curso de la lesión no se considerará tratamiento médico. Con la misma pena será castigado el que, en el plazo de un año, haya realizado cuatro veces la acción descrita en el Código como falta de lesiones. No obstante, cuando las lesiones sean de menor gravedad, atendidos el medio empleado o el resultado producido el hecho ilícito será castigado con la pena de prisión de tres a seis meses o multa de seis a 12 meses.

Para la Ley es igual que el acreedor sea un pelmazo o una mosca cojonera ya que eso es totalmente irrelevante a efectos penológicos; la persona del cobrador de deudas es intocable –por muy desagradable e inoportuna que sea su actuación– y una agresión física por parte del deudor consistiría en delito o falta.

Lo doctrina y la jurisprudencia consideran que una lesión grave se debe apreciar siempre que exista un daño en la sustancia corporal, una perturbación de las funciones del cuerpo o una modificación de alguna parte del cuerpo. No obstante, fuera de estos casos, también se ha entendido por lesión la producción de malestares físicos o psíquicos de cierta entidad, como la producción de terror. A partir de este concepto se ha entendido como lesión corporal escupir a otro, someterlo continuamente a fuertes ruidos o aterrorizarlo con un arma. Por tanto también se consideran lesiones las alteraciones psíquicas que sufra la víctima como consecuencia del daño sufrido. La jurisprudencia del Supremo ha calificado como delito de lesiones graves los siguientes hechos ilícitos:

  • Golpear reiteradamente a la víctima, propinándole una patada en el costado que hace que caiga al vacío
  • Mordisco en dedo que causa tratamiento médico y quirúrgico y deformidad
  • Paliza con resultado de diversas heridas y hematomas, que necesitaron tratamiento con antibióticos y antiinflamatorios, tardando en curar 405 días.
  • Fractura de huesos de la nariz o del tabique nasal requiere tratamiento quirúrgico por ello constituye delito de lesiones

La jurisprudencia considera lesiones de menor gravedad y aplica el apartado 2 del art. 147, atendiendo a las circunstancias del caso y al daño causado, por ejemplo una pelea cuerpo a cuerpo con resultado de lesiones que requirieron cuatro puntos de sutura y diez días de curación.

Otro punto es que el art. 148 CP manda que las lesiones previstas en el apartado 1 del artículo 147 podrán ser castigadas con la pena de prisión de dos a cinco años, atendiendo el resultado causado o riesgo producido si en la agresión se hubieren utilizado armas, instrumentos, objetos, medios, métodos o formas concretamente peligrosas para la vida o salud, física o psíquica, del lesionado. La misma pena será impuesta por el juez si hubiere mediado ensañamiento o alevosía.

Por ejemplo entrarían dentro de esta calificación penal el deudor que estampe una botella de cristal en la cabeza del cobrador, o que coja un vaso de vidrio y con él golpee la cara del acreedor, rompiéndose el vaso y produciendo varios cortes en la cara de la víctima. La jurisprudencia ha aplicado el art. 148 al deudor que con un bate de madera que llevaba en el coche, golpeó varias veces en la cabeza del acreedor.

El curioso caso del cobrador de morosos que cobró en especie

A pesar de estos artículos hace unos años salió publicada en la prensa la siguiente noticia: “Absuelven dueño bar dio puñetazo a Cobrador del Disfraz por actuar legítima defensa”. La agencia EFE reveló que el Juzgado de lo Penal número Uno de Murcia ha absuelto al propietario de un bar, de nacionalidad alemana, que fue juzgado por dar un puñetazo a un “Cobrador del Disfraz” al considerar que actuó así en legítima defensa, según la sentencia a la que ha tenido acceso. El magistrado-juez, Julio Guerrero, señaló que Gueler H., para quien el fiscal pidió penas que sumaban 16 meses de cárcel por un delito de lesiones y otro de amenazas, “se limitó a defenderse con los medios a su alcance: los puños”. Y añadió que “en esta defensa, no se extralimitó en absoluto, fue absolutamente legítima, teniendo en cuenta que se trataba de una pelea de “dos contra uno”, y, además, mucho más corpulentos que él”.

En realidad en su sentencio el magistrado discrepó de la versión de los hechos contenida en la acusación del fiscal y declaró probados que los mismos, ocurridos en el bar de Gueler H., se produjeron cuando se presentaron en el mismo dos “Cobradores del Disfraz”. Añade la sentencia que era la segunda vez en dos semanas que estos cobradores se personaban en el local, por lo que el acusado les invitó a abandonarlo “tras indicarles que si tenían alguna reclamación que hacer, que la formularan por los trámites legales oportunos”. Afirma también el magistrado en el relato de hechos probados que “los referidos cobradores se pusieron violentos con Gueler H., al que amenazaron con claros gestos como si llevaran una pistola en la mano, por lo que éste les invitó, “por favor”, a que abandonaran el establecimiento, dado que en la ocasión anterior los clientes se le habían ido”. “Como los visitantes se negaban a irse –añade la sentencia–, Don Gueler H. les empujó, momento en que uno de ellos se volvió y le pegó, por lo que Don Gueler se defendió pegándole un puñetazo en la nariz”.

En sus fundamentos jurídicos afirmó el magistrado-juez que los “Cobradores del Disfraz” no habían ido a notificar una deuda que ya estaba notificada, más bien parece que iban dispuestos a cobrarla como fuera. Señaló asimismo que “no parece que sea necesario recordar que precisamente la empresa del “Cobrador del Disfraz” no se distingue precisamente por la discreción al intentar realizar sus cobros; evidentemente, su particularidad es llamar la atención, de forma negativa, sobre la persona del deudor”. La sentencia, absolvió al acusado del delito de lesiones por aplicación de la eximente de legítima defensa y del delito de amenazas por falta de pruebas. El juez tampoco aceptó que fuera probada la falta de malos tratos por la que el fiscal pidió en el juicio la condena de un mes de multa con una cuota diaria de seis euros.

Pere Brachfield, director de estudios de la PMCM y profesor de EAE Business School