Delitos contra la libertad del deudor; las coacciones y las amenazas para obligarle al pago

Uno de los mecanismos básicos de defensa de un moroso es acusar al acreedor de que lo está amenazando o de que lo está coaccionando (o ambas cosas a la vez).

La acusación de amenazas y coacciones es muy seria ya que las amenazas son un delito que lleva aparejada una penalidad calificada como grave y el autor puede ser condenado hasta a cinco años de prisión; en el caso de las coacciones la pena puede llegar a los tres años de cárcel.

A pesar de que coloquialmente se denominan como “amenazas” el simple hecho de dar a entender a otra persona con actos o palabras que se le quiere hacer algún perjuicio, el Código Penal establece otras circunstancias para entender que existe legalmente una amenaza. Por ejemplo si el acreedor le dice al moroso que lo va a demandar, que va a incluir su nombre en un registro de morosos o que va a entregar la factura impagada una agencia de cobros, esta clase de advertencias –a pesar que son actos que perjudicarán al deudor–no constituyen amenaza alguna. En realidad cuando el moroso acusa falsamente al acreedor de amenazas, el que comete un delito de calumnias es el deudor, ya que imputa al acreedor un hecho punible totalmente falso.

Antes que nada hay que definir lo que es un delito. Nuestro Código Penal mantiene la división de los hechos punibles entre delitos y faltas. Las faltas son un hecho punible leve, mientras que el delito es un hecho grave. Son delitos o faltas las acciones y omisiones penadas por la Ley. Un delito es toda acción u omisión dolosa o culposa penada por la Ley. Por tanto el delito es una acción antijurídica, acción causal y final, acción culpable y punible. La responsabilidad criminal de los delitos y faltas es de los autores y los cómplices. Son autores quienes realizan el hecho por sí solos, conjuntamente o por medio de otro del que se sirven como instrumento. También serán considerados autores: los que inducen directamente a otro u otros a ejecutarlo y los que cooperan a su ejecución con un acto sin el cual no se habría efectuado. En consecuencia si un acreedor contrata a unos matones para que le den una paliza a un moroso será autor del delito de lesiones.

Un requisito para que exista delito es el dolo. El dolo en materia criminal es la voluntad consciente, dirigida a la ejecución de un hecho, que la Ley, prevé como delito. En otras palabras para que exista dolo desde el punto de vista penal el autor intelectual debe tener conocimiento y voluntad de los hechos, el sujeto ha ideado y previsto los hechos, valorado sus consecuencias y se dirige directamente a actuar para conseguir el resultado. Al propio tiempo el autor quiere la ejecución del acto doloso y obtener sus consecuencias.

Vale la pena señalar que los dos delitos contra la libertad –amenazas y coacciones– son como primos hermanos ya que sus características presentan muchas similitudes (en algunas ocasiones son como hermanastros). El bien jurídico protegido es el mismo: la libertad de las personas y la diferencia entre ambos delitos de amenaza y coacción es muy difusa.

La jurisprudencia aplica el criterio temporal del mal con que se constriñe a la víctima: en las amenazas existe un aplazamiento temporal en el mal anunciado, mientras que en las coacciones, el mal se presenta como inmediato, inminente y actual.

Por consiguiente si el acreedor le dice al moroso: “si no me pagas te mato” comete un delito de coacciones, en cambio si afirma “si no me pagas te mataré” el ilícito penal es de amenazas.

Sin embargo algunos juristas sostienen que el bien jurídico protegido por ambas normas no resulta plenamente coincidente, ya que este sector de lo doctrina se inclina por considerar que en las amenazas se lesiona la libertad de decisión de la víctima (formación de su voluntad), mientras que en las coacciones se atenta contra su libertad de obrar (ejecutar libremente lo decidido). Dicho de otro modo este sector doctrinal opina que hay que considerarse el momento en el que se ve constreñida la voluntad de la víctima.

En el caso de que sea en la fase decisoria de la voluntad estaremos en un supuesto de amenazas condicionales. Ahora bien si es en la fase ejecutiva de la voluntad, estaremos ante un delito de coacciones.

Además hay que añadir el criterio de los distintos medios empleados para perpetrar ambos delitos; en las amenazas es la intimidación y en las coacciones la violencia. 

Otra característica común a ambos delitos es que su plazo de prescripción es muy corto, de tan solo un año (Artículo 131. CP).

Pere Brachfield, director de estudios de la PMCM y profesor de EAE Business School

2 comentarios en “Delitos contra la libertad del deudor; las coacciones y las amenazas para obligarle al pago”

  1. Si bien es cierto que “amenazas y coacciones son como primos hermanos”, tambien lo son el deudor y su fiandor, cuando los tenemos plenamente identificados con su “fe de bautimos”como tales en un documento publico debidamente notariado, ante un fallido de de pago lo mejor es acudir a la agencia de cobranza o a un despacho legal para hagan cumplir a ambos señores lo que firmaron de forma voluntaria, asi nos evitamos ese escenario poco agradable de discutir con cualquiera de los dos sobre el cumplimiejnto de compromisos contractuales.

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