El moroso profesional sigue existiendo en España

Cómo reconocer al morosus hispaniensis; moroso de profesión.

En España existe un tipo de deudor que no suele atender sus pagos: el “morosus hispaniensis”; es decir, el caradura que ha hecho de la morosidad una actividad lucrativa. La diferencia entre el moroso profesional y los demás tipos de morosos, es que el moroso de profesión, cuando contrae una obligación de pago, ya tiene desde el inicio la intención de no cumplirla; muchas veces el moroso profesional ya se ha colocado en una situación de insolvencia legal para eludir los pagos y perjudicar a sus acreedores.

El moroso profesional vive como un pachá, alega que no puede pagar porque es insolvente, pero tiene más dinero que sus acreedores y no liquida sus deudas porque no le da la real gana. El moroso impenitente es un chupóptero económico, un auténtico parásito chupador de dinero que ataca a las empresas y les causa daños importantes; es como un pulgón que succiona la savia de su huésped y le va sacando jugo sin que la víctima se dé cuenta. Este deudor recalcitrante es además un artista del fraude que se dedica a dar pufos de campeonato. Y los acreedores perjudicados no podrán recuperar su dinero en los tribunales de justicia porque el profesional del pufo no tiene ingresos ni activos embargables.

El “morosus hispaniensis” no es un honrado padre de familia que por culpa de circunstancias ajenas a su voluntad no puede pagar sus deudas. Esta especie es un moroso intencional que actuando con mala fe y dolosamente compra a crédito o se endeuda con la intención de no pagar jamás. El “morosus hispaniensis” es un caradura que, teniendo dinero, se niega a liquidar las facturas; es el típico deudor empedernido que vive a costa de sus acreedores; es un sinvergüenza que no paga nunca y se jacta de ello; es la personificación del entrampado refractario, insolvente, mendaz y desaprensivo; un profesional del pufo que ha hecho de la morosidad un oficio beneficioso.

¿Quién no ha tenido un moroso profesional en su vida? ¿Un cliente, un amigo, un conocido, un familiar, un vecino, un compañero de trabajo? El moroso profesional o “morosus hispaniensis” es algo tan ibérico como el jamón de pata negra. Por ejemplo, ese deudor contumaz al que reclamas el pago de las facturas y que afirma solemnemente: “Eso no es imposible, pero tendrá que esperar”, cuando en realidad quiere decir: “No tendrás mi dinero ni por encima de mi cadáver”. Ese “amigo” que te pide dinero prestado y pronuncia la terrible sentencia: “En cuanto pueda te lo devuelvo”, lo que traducido al lenguaje real significa que nunca más los volveremos a ver (al dinero y al presunto amigo).

El moroso profesional es un fenómeno difícil de erradicar puesto que ha permanecido enraizado en la tradición española desde hace varios milenios –todas las leyes promulgadas hasta la fecha para combatirlo han fracasado– y se ha convertido en un hecho tan frecuente, tradicional y arraigado, que para muchos ya parece una cosa normal y comúnmente aceptada. Buena prueba de ello, es el elevado número de refranes y proverbios en el refranero español que afirman que cobrar a un deudor refractario: en España es un trabajo de Hércules. En particular, tenemos un proverbio cuyo autor es anónimo, pero que es un fiel reflejo de la sabiduría popular, y que dice: “Si doy a la ruina voy, si fío, aventuro lo que es mío, si presto, al pagar me ponen cara de mal gesto, y para evitarme todo esto, ni doy, ni fío ni presto”.

También hay que descartar la idea de que la morosidad es un problema de las crisis económicas. De hecho, en la Península en épocas de bonanza económica ha existido siempre morosidad y han existido morosos empedernidos. En cada nación la gente tiene sus propias costumbres, su cultura, sus tradiciones y sus leyes. En cada país, en función de una serie de condicionantes de tipo histórico y sociológico, existe una forma diferente de pagar las deudas.  Por tanto, los hábitos de pago de cada país son diferentes, y éstos vienen condicionados por determinantes que han intervenido en su consolidación a través de muchas generaciones.

Ahora bien, el pícaro español del siglo XVI, es sin duda el antepasado más relevante de la genealogía del moroso profesional. Con todo, el pícaro tradicional que adquirió carta de naturaleza con la publicación del “Lazarillo de Tormes”, era un antihéroe que luchaba para salir adelante en un mundo hostil y miserable. El bergante del Siglo de Oro engañaba al prójimo para sobrevivir, pero con frecuencia, a su manera, era más ético que sus semejantes, mucho más honrado que sus señores. En el fondo el pícaro de antaño era un combatiente contra un sistema injusto y su lucha era contra el hambre. En cambio, el moroso profesional de nuestra época no engaña para sobrevivir ni es un bandido generoso que roba al rico para dárselo al pobre; por el contrario, embauca para procurarse una vida fácil sin dar golpe.

Para destapar a un moroso de profesión, hay que comprobar si el sujeto sospechoso reúne una serie de características y rasgos diferenciales. Por lo general, es un varón con una edad entre los 35 y 65 años. Tiene la habilidad de hacerse pasar por empresario, pretendiendo ser un hombre de negocios acreditado. En realidad, es totalmente insolvente, ya que no tiene propiedades registradas a su nombre ni ningún activo embargable.

En muchas ocasiones el moroso profesional ha creado un entramado de sociedades para ocultar sus bienes. Es una persona proveniente de la clase media-alta, con estudios y con cierto nivel cultural. Cuenta con una buena capacidad de comunicación interpersonal, viveza de espíritu, buena memoria y tiene una enorme inteligencia emocional. Muestra una gran autoestima y aplomo. Mantiene en todo momento la sangre fría y tiene habilidad para escaquearse. Se siente superior y está convencido de ser mejor que los demás. Mantiene una situación familiar irregular, no se sabe si está casado, soltero, divorciado, o separado ya que cambia con frecuencia de pareja. Proyecta un carácter sumamente afable, simpático, es un gran seductor, es divertido, atractivo, posee un gran don de gentes, cae bien a los demás e inspira confianza.

El moroso profesional es un sujeto urbano, prefiere vivir en las grandes ciudades y suele residir en una zona de clase alta o en un barrio residencial (siempre de alquiler) pero cambia con frecuencia de domicilio ya que no suele pagar los arrendamientos y además cambiando a menudo de lugar de residencia, le permite eludir a sus acreedores. El moroso de profesión va creando sucesivamente distintos negocios ya que cuando llega al límite y no puede seguir eludiendo a sus acreedores, pega el persianazo, cierra la empresa y desaparece, dejando a los que quieren cobrar con un palmo de narices.  Luego, como un ave Fénix, el moroso profesional, a pesar de ser insolvente, monta otra sociedad para empezar de nuevo; de esta forma consigue nuevos créditos. En realidad, ninguno de sus negocios cuenta con activos sólidos y va dejando un reguero de deudas por doquier.

 

 

Autor: Pere Brachfield
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