La morosidad y los impagados no perjudican por igual a todas las empresas

Existen factores que agravan el impacto de la morosidad y de los impagados en las empresas.

La morosidad, los impagados y los problemas de cobro de las facturas vencidas no afectan por igual a todas las empresas; existen determinados factores que pueden aumentar o amortiguar el impacto causado por la morosidad de forma que los perjuicios provocados por los problemas de cobro de las facturas no tienen la misma repercusión. Los principales factores son: la dimensión de la empresa, los tipos de interés para financiar el activo corriente, el mercado y el margen de beneficios aportado por los productos comercializados.

Antes que nada, es importante señalar que una empresa se resiente más por culpa de los impagados cuánto más pequeña es. Las empresas grandes y bien capitalizadas tienen suficientes recursos financieros para afrontar los impagados, y además suelen tener los riesgos bien diversificados, con lo que pueden diluir el efecto provocado por un crédito comercial impagado de elevado importe. Pero para una empresa pequeña un solo impagado importante puede suponer entrar en una situación de crisis. Por lo tanto, el impacto que provocan los impagados en una empresa pequeña puede ser letal, ya que una empresa pequeña no puede soportar los problemas de cobro o sufrir un cuantioso crédito incobrable como lo puede hacer una empresa grande. Por consiguiente, idénticas cantidades de créditos comerciales impagados pueden suponer, en el caso de una empresa grande un pequeño perjuicio económico, pero los mismo problemas de cobro significan la quiebra de una empresa pequeña. La conclusión es que las empresas pequeñas deben tomar mayores precauciones a la hora de conceder créditos comerciales y cobrar las facturas puesto que se juegan su propia supervivencia.

Como se ha dicho los problemas de cobro y la morosidad pueden provocar el cierre y desaparición de las empresas afectadas. Sobre todo, son las pequeñas y medianas empresas las que pueden desaparecer por culpa de los problemas de cobro de los créditos impagados, puesto que un quebranto de cierta magnitud puede dejar definitivamente fuera de combate a una pequeña empresa, mientras que una empresa más grande puede superar la situación gracias a disponer de mayores recursos económicos. Mientras las grandes empresas son capaces de absorber los costes producidos por los créditos comerciales impagados y las facturas incobrables, los negocios más pequeños pueden verse obligados a cesar en sus actividades. Este fenómeno se pudo comprobar en los estudios realizados por la UE sobre las consecuencias de la morosidad se comprobó que las pymes son las más perjudicadas. Asimismo, se detectó que el 25% de los quebrantos empresariales de las pymes –quiebras, suspensiones de pagos o disoluciones de empresas– son provocados por problemas de cobro de los créditos impagados.

La morosidad ocasiona un coste financiero ya que las empresas deben financiar durante un período adicional los saldos de clientes no cobrados al vencimiento. Este coste que se produce como consecuencia del atraso en el cobro de las facturas aumenta si los tipos de interés son elevados y disminuye si los tipos son bajos. Por este motivo las épocas en que los tipos de interés son elevados, el perjuicio económico provocado por la morosidad resulta mayor que cuando los tipos son bajos. Asimismo, hay que tener en cuenta que las empresas de dimensión reducida no podrán obtener los mismos tipos de interés bancario que consiguen las empresas más grandes, y tendrán que soportar un mayor coste de financiación.

La situación del mercado en el que se desarrolla la actividad de la empresa y el sector en el que se encuentra ejercen una influencia directa en las consecuencias de la morosidad. Una empresa que pueda compensar enseguida las pérdidas ocasionadas por un cliente moroso haciendo una o varias operaciones con clientes solventes puede salir airosa de un quebranto puntual. Por el contrario, si el mercado no favorece la realización de nuevas operaciones, la empresa que ha sufrido el percance no podrá superar la situación con rapidez y su situación económica se agravará.

La empresa que no consigue el cobro de una venta realizada sufre irremediablemente una pérdida económica pura que equivale al coste del producto vendido. Asimismo, sufre un lucro cesante que es el margen comercial que ha dejado de percibir o sea el beneficio que hubiera proporcionado la venta. Por supuesto en el marco teórico de un mercado dominado por los vendedores en el que la empresa tuviera todos sus productos vendidos de antemano –o sea que pudiera vender toda su producción y tuviera su capacidad de fabricación, de comercialización y de distribución plenamente ocupadas– se podría considerar la pérdida del incobrable como el coste del bien vendido más el beneficio que ha dejado de percibir. Por consiguiente, un impagado significa para la empresa afectada la pérdida directa de la inversión realizada en la mercancía vendida y no cobrada y el no poder obtener el beneficio esperado. No obstante, hay empresas que, para calcular el perjuicio económico causado por el crédito incobrable, siempre tienen en cuenta el margen neto perdido en la operación comercial que no ha llegado a buen fin.

No obstante, cualquiera que sea el criterio para calcular la pérdida directa de los créditos comerciales incobrables, es necesario sumar a este importe el coste de los recursos empleados en la financiación del crédito irrecuperable, es decir el coste que ha representado para la empresa haber financiado el importe impagado desde la venta hasta su contabilización definitiva como incobrable. En el supuesto que la empresa hubiera empleado capitales propios para financiar los créditos comerciales, habría que tener en cuenta el coste de oportunidad de dichos fondos, ya que han permanecido totalmente improductivos.

Evidentemente cuando mayor sea el margen de beneficios en proporción al precio de venta del producto, menor será la repercusión del crédito incobrable sobre el resultado de la empresa. Y por consiguiente menor será el esfuerzo comercial requerido para compensar el quebranto sufrido por la empresa ante el crédito incobrable. A las empresas que tienen el privilegio de pertenecer a este grupo, les basta realizar unas cuantas nuevas operaciones comerciales (o una sola) para recuperar la pérdida producida por el crédito incobrable.

Por el contrario, las empresas que mantienen el margen comercial muy reducido con relación al coste del producto comercializado, sufren mayores pérdidas reales en caso de no cobrar la venta, siendo el lucro cesante una parte mínima con relación a la inversión total. Por este motivo las empresas con márgenes muy reducidos sobre ventas, deben ser todavía más cuidadosas en la prevención de posibles impagados, puesto que la repercusión financiera en sus cuentas de resultados será proporcionalmente mucho mayor. Estas empresas deberán realizar un esfuerzo suplementario muy importante para conseguir la cobertura de los créditos incobrables. Este tipo de empresas es mucho más vulnerable ante la morosidad puesto que se juegan la supervivencia en caso de aumentar el índice de fallidos incobrables.

En muchas ocasiones para una empresa perteneciente a esta categoría, el impagado de un solo cliente moroso puede suponer la pérdida de todo el beneficio acumulado anual, puesto que para compensar la pérdida producida por el crédito incobrable se ha de aplicar el beneficio obtenido del resto de las operaciones comerciales a lo largo del año. Esta circunstancia es en ocasiones el mal menor, ya que para muchas empresas la morosidad de varios clientes (o de uno solo), puede provocar una situación de insolvencia transitoria tan importante que les obliga a presentar de una suspensión de pagos o lo que es todavía peor, al cierre definitivo del negocio.

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Autor: Pere Brachfield
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