Europa demuestra que es un gigante económico y un enano político

La UE debe replantearse su sistema de asilo y de gestión de la inmigración irregular y a hacerlo de forma rápida.

En los últimos años, Europa ha experimentado el mayor desplazamiento masivo de personas desde la Segunda Guerra Mundial. Al principio, los medios de comunicación denominaron a este fenómeno “crisis migratoria de Europa”, debido en gran parte a la incapacidad de Europa para responder colectivamente a la tragedia humana que tuvo lugar en sus costas. Las causas originales de la emigración y la afluencia de refugiados se han multiplicado y propagado por todo el mundo. Un informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (en adelante ACNUR) reflejaba la sombría perspectiva mundial. Por primera vez desde la Segunda Guerra mundial, setenta millones de personas se han visto forzadas a desplazarse en todo el mundo como consecuencia de la persecución, los conflictos y las violaciones de los derechos humanos. La cifra incluye a los desplazados internos, los nuevos refugiados y los movimientos regionales. Asimismo, hay que tener en cuenta a los millones de migrantes que desean fijar su residencia en países más prósperos y seguros dónde ganarse la vida con dignidad, lo que se conoce como emigración por razones socio-económicas. Miles de personas han perdido la vida en el mar tratando de llegar a la Unión Europea (en adelante UE). Casi el 90 % de los refugiados y migrantes han pagado a la delincuencia organizada y a traficantes de seres humanos para que les hagan cruzar las fronteras. Como consecuencia de ello, se les denomina migrantes “irregulares” (y a veces de forma poco correcta se les llama ilegales); es decir, que no han entrado en la UE por vías legales.

Ahora bien, aunque muchos de los migrantes quieren llegar finalmente a Estados de la UE, como Alemania, Austria o países escandinavos (Alemania recibe el 40 por ciento de solicitudes de asilo) el fenómeno de los refugiados también generó problemas en los Estados miembros que atraviesan los migrantes para llegar a su destino final; por ejemplo, Croacia, Hungría, Austria y Eslovenia. Las respuestas de Europa desde el principio hasta ahora parecen divididas entre el deseo de “fortificar las fronteras de Europa” y el de asumir unas responsabilidades morales y legales para ayudar a los refugiados. A pesar de ser ideas radicalmente opuestas, constituyen la base de los intentos europeos de hacer frente a la migración y el asilo. Desde Ucrania a Siria, y desde Afganistán al África subsahariana pasando por Somalia y Sudán del Sur, el mundo está lleno de conflictos y guerras. Más de un millón y medio de refugiados y migrantes han llegado a la UE, la mayor parte de ellos huyendo de la guerra y el terror en Siria y en otros países en conflicto, que, aunque tienen menos notoriedad, como es el caso del Yemen donde se está desarrollando una catástrofe humanitaria que ha obligado a millones de personas a huir de sus hogares para escapar del devastador conflicto. Turquía ha acogido a tres millones de exiliados, Jordania a 630.000 y Líbano a 1,2 millones.

La zona de libre circulación de Schengen está resguardada por las fronteras exteriores y principalmente por Grecia, Italia y España, y por Malta y Chipre en menor medida. En virtud de su ubicación geográfica, reciben la inmensa mayoría de las llegadas irregulares. Aunque el reparto de la carga es un principio básico de la UE, durante mucho tiempo la realidad ha sido que, de los 28 Estados miembros, un número muy pequeño se ha visto de verdad afectado por los flujos migratorios irregulares, y las fronteras externas han sido las que, fundamentalmente, han actuado de guardianas, pero también de puntos de llegada. No obstante, en los últimos años, como consecuencia del flujo de refugiados, algunos Estados miembros reintrodujeron controles en sus fronteras con otros países de la UE además de blindar las que tienen con terceros países. En marzo de 2016 la UE y Turquía alcanzaron un acuerdo que tuvo como objetivo interrumpir el flujo incontrolado de migrantes que cruzaban una de las principales rutas del mar Egeo. Este acuerdo también prevé vías legales para que los refugiados entren en Europa, en particular, permite retornar a todas las personas migrantes que lleguen de manera irregular a las islas griegas desde Turquía, incluyendo personas necesitadas de protección internacional. Razón por la cual Amnistía Internacional ha dicho siempre que el acuerdo no podía llevarse a la práctica conforme a los estándares internacionales de derechos humanos, porque Turquía no es actualmente un país seguro para las personas refugiadas y solicitantes de asilo; según ha afirmado Amnistía Internacional, Turquía no ofrece un estatuto de refugiados pleno para los sirios, y no cuenta aún con un sistema de asilo totalmente operativo para nacionales de otros países. Por esto, (a pesar de que el acuerdo que la UE y Turquía suscribieron en 2016 establece que por cada sirio que se devuelva a Turquía desde las islas griegas después de cruzar irregularmente la UE se hará cargo de un sirio procedente de Turquía que no haya intentado hacer este viaje de forma irregular) Amnistía Internacional afirma que la UE mantiene una actitud cínica y despiadada fingiendo que algunos países vecinos, como Turquía, mantienen sistemas de asilo y condiciones adecuadas. Vale la pena señalar que Turquía acoge el mayor número de refugiados, alrededor de tres millones en total, dos millones y medio de los cuales son sirios. En consecuencia, se ha reducido significativamente el número de refugiados y migrantes procedentes de Turquía, pero esto ha supuesto que se intensificara el número de refugiados que optan por la denominada “Ruta del Mediterráneo central” para entrar en Europa y esto ha generado una presión migratoria sobre Italia.

La UE acordó una serie de medidas para hacer frente a la crisis, entre las que se incluye tratar de resolver las causas profundas de esta, así como incrementar en gran medida la ayuda a las personas necesitadas de asistencia. La UE está tomando medidas para reubicar a los solicitantes de asilo que ya se encuentran en la UE, reasentar a las personas necesitadas de los países vecinos y devolver a las personas que no cumplen los requisitos para acogerse al asilo. Como botón de muestra, a partir de una propuesta de la Comisión Europea, los Estados miembros se pusieron de acuerdo por primera vez para reubicar a 160 000 solicitantes de asilo procedentes de Grecia e Italia en otros países de la UE antes de septiembre de 2017. Sin embargo, hasta el momento no se han reubicado todos los solicitantes de asilo debido a las reticencias de algunos Estados.

Los Estados miembros de la UE acordaron en junio de 2016 la creación de una nueva Guardia Europea de Fronteras y Costas para reforzar la gestión y la seguridad de las fronteras exteriores comunes de la UE, así como para luchar contra el tráfico de seres humanos y ofreciendo vías seguras para que las personas puedan entrar legalmente en la UE. Además, la Oficina Europea de Policía abrió un nuevo Centro Europeo sobre el Tráfico Ilícito de Migrantes para apoyar a los Estados miembros de la UE a la hora de desmantelar las redes delictivas implicadas en el tráfico organizado de migrantes.

Una de las prioridades de la Comisión Europea en el 2017 fue la “Ruta del Mediterráneo central”, que motivó que la Comisión propusiera un plan de acción para apoyar a Italia, reducir la presión y aumentar la solidaridad entre Estados de la UE. La Comisión entendió que la elevada cifra de pérdida de vidas humanas y el continuo flujo migratorio formado mayoritariamente por emigrantes por causas socio-económicas en el Mediterráneo Central es un desafío estructural para la UE y consiste en una problemática urgente y grave no solo para Europa, sino para todo el continente Africano. En junio de 2017, el ministro italiano del Interior envió una carta al presidente del Consejo de la UE advirtiendo que la situación de Italia sería muy pronto insostenible y que la cuestión de la migración en el Mediterráneo Central debía figurar en la agenda de la próxima reunión informal de los Ministros de Interior y de Justicia.

El comunicado oficial conjunto con el título de: “Migración en la ruta del Mediterráneo Central Gestionar los flujos, salvar vidas” emitido por la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, y destinado al Parlamento Europeo, al Consejo Europeo y al Consejo de la UE expone con claridad meridiana la cuestión de los migrantes que en los últimos años intentan entrar en Europa a través de la ruta del Mediterráneo Central, y que lo hacen vía Italia. Este comunicado forma parte de los documentos clave que utilizó la Comisión en julio de 2017 para formular una serie de medidas, que, de forma inmediata, tenían que adoptar los Estados miembros de la UE, la Comisión, las agencias de la UE y la propia Italia. El comunicado recoge las acciones propuestas destinadas a apoyar a Italia y reducir los flujos migratorios incontrolados, en particular los migrantes que intentan cruzar el Mediterráneo desde las costas libias, para entrar en los Estados miembros de la UE, a través de Italia y Malta. Otra medida señalada por la comunicación de la Alta Representante es mejorar la cooperación práctica con la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, particularmente en materia de retorno.

El documento propone una serie de acciones destinadas a apoyar a Italia y reducir los flujos, medidas que deben adoptarse lo antes posible para acelerar el trabajo colectivo de la UE a lo largo de la ruta del Mediterráneo central, reforzando la capacidad de las autoridades libias y apoyando a la guardia costera libia para que sea capaz de gestionar mejor sus fronteras marítimas. Esto permitirá a las fuerzas navales de la UE desplazadas al Mediterráneo rescatar mejor y salvar las vidas de un mayor número de migrantes en alta mar. Como medidas clave que presenta la comunicación de la Alta Representante se encuentra el apoyar la dotación a la guardia costera libia de recursos de patrullaje adicionales y garantizar su correcto mantenimiento y garantizar la financiación de los programas de formación de la guardia costera libia a través de la inmediata adición de un millón de euros al montante del programa SEAHORSE y la concesión de 2,2 millones en el marco del Programa Regional de Protección y Desarrollo para el norte de África y garantizar unas fuentes de financiación sostenibles que abarquen, en el futuro, diversas necesidades formativas de un modo complementario. Además, apoyar la creación de un Centro de Coordinación y Salvamento Marítimo plenamente operativo en Libia. Igualmente, otras medidas clave son garantizar que la red del Mediterráneo SEAHORSE sea más operativa, permitiendo una mayor fluidez del intercambio de información y de la cooperación operativa entre la guardia costera libia y los Estados miembros participantes, y alentar la participación de Túnez, Argelia y Egipto en la red del Mediterráneo SEAHORSE. Otra medida es enfocarse en los suministros de los traficantes mediante la puesta en común de la información que manejan los Estados miembros, la operación EUNAVFOR MED SOPHIA, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, Europol, Interpol y los socios en la región, fundamentalmente usando los servicios de fusión de Eurosur.

El comunicado también señala como medida efectiva colaborar con las autoridades libias para garantizar que las condiciones en los centros para inmigrantes mejoren, con especial atención a las personas vulnerables y los menores, e intensificar la cooperación con la OIM y el ACNUR a este respecto e intensificar el trabajo en común y la colaboración con las autoridades libias para fomentar modos de subsistencia alternativos y apuntalar la resiliencia de las comunidades locales que acogen a migrantes. Al propio tiempo el comunicado fija como como objetivos la protección de los migrantes, señalando la existencia de cuatro vías principales de actuación: el refuerzo de la protección y la ayuda humanitaria, la asistencia en la reintegración de los migrantes en la economía local, fomentar el retorno voluntario y asistido al país de origen y el reasentamiento de quienes necesitan protección internacional.

Otras medidas que incluye el comunicado son las de desplegar toda la gama de misiones y proyectos de la UE en apoyo a las autoridades libias, para la gestión de las fronteras y la protección de los migrantes en el sur de Libia y fomentar la cooperación transfronteriza, el diálogo y el intercambio de información entre Libia y sus vecinos del sur, incluyendo el uso de la Comunidad de Inteligencia África-Frontex en todo su potencial. Además, el comunicado preconiza en mantener la cooperación ya existente con Níger en el marco del Acuerdo de Asociación, para emprender nuevas acciones para abordar la presión migratoria en dirección al norte, hacer frente al tráfico de migrantes y fomentar los retornos voluntarios asistidos. Igualmente, el comunicado señala la necesidad de profundizar el diálogo y la cooperación operativa en materia de gestión de los flujos migratorios con Egipto, Túnez y Argelia. Para concluir las medidas clave que figuran en el comunicado, está, por un lado, la de movilizar 200 millones de euros para la ventana del norte de África del Fondo Fiduciario de la UE para África, destinados a proyectos en 2017, con un enfoque prioritario en proyectos relacionados con la migración y concernientes a Libia y por otro, la de fomentar que los Estados miembros igualen la contribución de la UE a la ventana del norte de África del Fondo Fiduciario.

Bajo mi punto de vista, la crisis de los refugiados ha puesto en peligro uno de los principales logros de la UE, el espacio Schengen, y está enfrentando a los Estados entre sí. Para atajar estos problemas, la UE debe replantearse su sistema de asilo y de gestión de la inmigración irregular y a hacerlo de forma rápida para fortalecer los controles externos de la UE y frenar un flujo que no se detiene y cuyas consecuencias inmediatas enfrentan a los Estados miembros entre sí y amenazan la estabilidad de la UE. Es necesario restaurar la confianza entre los Estados y avanzar en el Sistema Europeo de Asilo, unificando los criterios de concesión y los apoyos que se ofrecen a los refugiados para ello es imprescindible una mayor precisión en las normas comunitarias respecto a quién tiene derecho a recibir asilo en la UE y una buena opción sería la formación de tribunales comunitarios de asilo, puesto que las diferencias en las culturas y las prácticas legales de los distintos Estados de la UE, y la desconfianza que aún existe entre los distintos sistemas judiciales europeos, estos tribunales actuarían como un instrumento de homogeneización por la vía de su práctica en común. Finalmente, opino que el asilo y la inmigración deben pasar a incorporarse como elemento central en la política exterior europea no solamente en sus relaciones con los países de paso y de origen sino también en relación con otras áreas geográficas. La UE debe presionar para que el reparto de refugiados entre los países desarrollados sea más equitativo. En la actualidad la carga recae básicamente sobre la UE, mientras que EEUU recibe muchos menos refugiados, Rusia muy pocos y China casi no recibe refugiados. Igualmente, sería deseable que las monarquías petroleras del Golfo Pérsico, que en la actualidad prácticamente no aceptan refugiados, se implicaran más en la acogida de migrantes.

 

Autor: Pere Brachfield
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