El problema de la morosidad empresarial

Uno de los grandes problemas endémicos a los que se enfrentan las empresas españolas es la dificultad permanente de lograr cobrar de forma adecuada de sus clientes y conseguir un flujo de cobros que les permita funcionar sin tensiones de liquidez ni sufrir pérdidas por la morosidad o insolvencia de sus deudores.

Con cierta frecuencia ocurre que empresas que han alcanzado un notable éxito en el área de marketing y han conseguido un buen nivel de ventas presentan suspensión de pagos o han de cesar en sus actividades empresariales. La explicación a este inesperado fracaso empresarial está en que dichas empresas han descuidado la gestión del crédito otorgado a los clientes y el cobro de sus ventas. Esta circunstancia les ha provocado serios problemas de liquidez, crisis de tesorería, problemas para financiar su realizable y por último una situación de insolvencia transitoria.

No hay que olvidar que uno de los factores clave para la buena marcha de las empresas es la capacidad que tienen en generar tesorería, y esta capacidad es directamente proporcional a la eficacia de las compañías en la gestión del realizable. Indudablemente la morosidad se ve poderosamente influida por los ciclos económicos, puesto que en los ciclos de bonanza económica la morosidad disminuye notablemente. Pero esto no supone la erradicación del virus de la morosidad, que es endémico en España por lo que durante las fases de prosperidad económica el virus de la morosidad se encuentra en estado de hibernación.

A pesar de que durante los períodos de bonanza económica la morosidad alcanza unos niveles tan bajos que provoca la falsa impresión de que el problema ha desaparecido definitivamente, la evolución cíclica de la coyuntura económica, la subida de los tipos de interés así como los cambios coyunturales provocan un aumento de la morosidad que siempre supone un mayor riesgo de quebrantos económicos para las empresas.

En estas fases de elevada morosidad las empresas proveedoras de bienes y servicios sufrirán en propia carne las consecuencias de las insolvencias de sus clientes. Sin embargo en las fases de bonanza económica los suministradores de bienes y servicios también se ven afectados por el incumplimiento de los plazos de pago en las transacciones comerciales. Además se puede afirmar que en España se han consolidado unos hábitos de pago que son de los peores de toda la U.E.

El plazo medio real de cobro estadístico existente en España según un informe elaborado por la PMcM, Plataforma Multisectorial contra la Morosidad en el mes de febrero de 2013 era el año pasado de 93 días, lo que significa uno de los últimos lugares en el ranking europeo. La media europea se sitúa en 54 días, por lo que España está claramente fuera de los parámetros de la U.E.

No obstante, y a pesar de las estadísticas oficiales, en ciertos sectores los plazos de cobro habituales superan los 120 e incluso los 180 días.

La PMcM también reveló en su informe del mes de febrero que en 2012 el 65% de las empresas españolas habían sido obligadas por sus clientes a aceptar acuerdos comerciales que les obligaban a cobrar las facturas a plazos superiores a los 75 días. Recordemos que en 2012 los 75 días eran el plazo de pago legal máximo que fijaba la Ley 15/2010. En la actualidad este plazo está fijado por Ley con carácter general en 60 días.

Según el estudio, el motivo de este incumplimiento de los plazos máximos legales está en la falta de un régimen sancionador como el existente en Francia, que obligue a las empresas compradoras a respetar los plazos legales y a no imponer a sus proveedores plazos superiores a los que marca la Ley. Hay que tener en cuenta que en España ya existe un precedente puesto que hace muchos años que hay un régimen sancionador por incumplimiento de los plazos de pago, pero solo aplicable en el ámbito del comercio minorista (ver art 65. f de la Ley 7/1996, de 15 de enero, de ordenación del comercio minorista).

Asimismo los estudios realizados han revelado que casi el 60% de las facturas emitidas en España se cobran con retraso respecto al vencimiento teórico, por lo que los clientes no cumplen con los plazos de pago concedidos por los vendedores. Como muestra un botón: según un estudio realizado por la sociedad INFORMA D&B, el 59% de los pagos de las empresas españolas durante el primer trimestre de 2013 se realizó fuera de plazo y que estos retrasos suponen un coste directo para el tejido empresarial español de 2.349 millones de euros.

Se puede afirmar y ha quedado confirmado con la “Encuesta Cámaras sobre el acceso de las pymes a la financiación ajena” una reciente encuesta del Consejo Superior de Cámaras de Comercio la demora en el cobro es uno de los problemas típicos de las empresas españolas. Según la encuesta el 73,5% ha experimentado un retraso en los pagos de sus clientes en los últimos 3 meses. Las empresas manifestaron que los retrasos de pagos de sus clientes hace un año eran inferiores a los actuales.

Y, según los resultados de otras encuestas, del conjunto de empresas que sufren problemas económico-financieros derivados por el incumplimiento de las obligaciones de pago de sus clientes, el 83% padecen problemas de tesorería por culpa de la morosidad de los clientes. De este 83% de las empresas afectadas por problemas financieros, el 58% tiene problemas serios provocados por falta de liquidez y el 24% experimentaron quebrantos de tesorería.

No hay que olvidar que la morosidad de los clientes es la primera causa directa del cierre de empresas.

Un estudio de la U.E reveló que el 25% de los quebrantos empresariales tienen como causa directa los problemas de morosidad. Asimismo el vicio de la morosidad es otro de los agravios comparativos a los que deben enfrentarse las empresas españolas, puesto que en cuestiones de defensa de sus derechos de crédito se encuentran en inferioridad de condiciones si se compara la situación imperante en España con la del resto de los países europeos. La consecuencia es que las empresas españolas cargan con unos costes financieros superiores que afectan gravemente a su competitividad.

Pere Brachfield, director de estudios de la PMCM y profesor de EAE Business School