Las medidas para minimizar los impagos

El estudio de la solvencia y del perfil de riesgo de un cliente se basa en el análisis e interpretación de información cuantitativa y cualitativa, pero para que dicho proceso proporcione resultados satisfactorios de forma consistente, es necesario que los datos utilizados sean veraces, actuales y fácilmente accesibles.

Además, la información debe ser tratada, depurada, y contrastada antes de ser interpretada. El problema es que esto no siempre es posible, ya que la presión comercial nos obliga a tomar decisiones con rapidez y la información disponible es a menudo escasa o inexistente.

Si analizamos qué tipo de información aporta más valor en el análisis de la salud financiera de una empresa, ésta es claramente la contable. En este sentido, el artículo 25 del Código de Comercio recoge que “todo empresario deberá llevar una contabilidad ordenada, adecuada a la actividad de su Empresa que permita un seguimiento cronológico de todas sus operaciones, así como la elaboración periódica de balance e inventarios. Llevará necesariamente, sin perjuicio de lo establecido en las leyes o disposiciones especiales, un libro de Inventarios y Cuentas anuales y otro Diario.” No obstante, la realidad es que acceder a esta información con un nivel de actualización deseable es a menudo prácticamente imposible.

En España no hay una cultura de transparencia informativa con respecto a los estados financieros de las empresas, de hecho se facilita información financiera a los bancos o al Registro Mercantil porque no tienen alternativa; pero si un proveedor les solicita dicha información, es difícil que la consiga.

De hecho muchas empresas prefieren enfrentarse al riesgo de multas por esa falta de transparencia antes que depositar sus cuentas en el Registro Mercantil.

Los empresarios individuales españoles (autónomos) no están obligados a depositar sus cuentas ni a inscribirse en el Registro Mercantil. Además, hay ciertas formas jurídicas que no están obligadas a depositar sus cuentas en los Registros Públicos –o si lo están, los organismos oficiales no controlan suficientemente el cumplimiento de dicha obligación–, por lo que la información financiera de una parte importante de los agentes económicos del país no es accesible.

Otro inconveniente es que las cuentas anuales y memorias que se depositan en los registros públicos rara vez están auditadas (la mayor parte de las empresas no están obligadas por ley a presentar sus cuentas auditadas), por lo que tampoco tenemos la certeza de que recojan una imagen fiel de su estado.

Un buen ejemplo de la mala calidad de la información contable es que según un estudio de Iberinform, (sociedad de información del Grupo Crédito y Caución) un 6.3% de los balances depositados cada año en el Registros Mercantil tienen la información descuadrada. En muchos casos, los estados financieros no están confeccionados con el rigor necesario y no reflejan los principios generales contables. En otros casos, las empresas sólo declaran parte de sus ingresos y beneficios, por lo que los balances oficiales y declaraciones de impuestos de sociedades no reflejan totalmente la realidad económica de las empresas.

Además debemos de tener en cuenta que la información que recogen las cuentas anuales que se depositan cada año en los registros mercantiles, y que puede ser consultada libremente, tiene una antigüedad mínima de entre 12 y 18 meses. Las empresas que cierren contablemente con el año natural, tienen como fecha límite de presentación de cuentas en el Registro Mercantil el 30 de julio, pero no estará totalmente disponible hasta el mes de abril del año siguiente.

Por esta razón, cuando analizamos el balance, la cuenta de pérdidas y ganancias y el informe de gestión que figuran en el registro mercantil, hemos de tener en cuenta que en su conjunto se trata de información algo desactualizada. Esta información debe servir como referencia comparativa, y para estudiar la evolución de la empresa analizada, pero no para conocer la situación económico-financiera actual del solicitante de una línea de crédito o aceptar una venta con pago aplazado.

Por este motivo, es necesario contrastar la información financiera histórica con otros parámetros objetivos y más actualizados. Y ese es precisamente el objetivo de las empresas de información comercial y financiera, facilitar toda la información disponible en multitud de fuentes de forma agregada y en un formato que facilite su interpretación. Los tipos de informe más comunes son:

  • Valoraciones de empresas (Rating predictivos)

Son calificaciones u opiniones cualitativas, elaboradas por una empresa especializada, para valorar su solidez financiera y su vulnerabilidad ante futuros cambios del entorno de un determinado agente económico. Son herramientas que utilizan prácticamente todas las entidades financieras, pero los elevados niveles de morosidad actuales han llevado a muchas empresas a desarrollar modelos propios o a buscar proveedores externos que les proporcionen directamente dichos ratings.

  • Informes comerciales o financieros

proporcionan toda la información pública disponible en diferentes fuentes de información mediante un sencillo acceso on-line.

  • Informes Investigados

Son informes más exhaustivos, que complementan la información de los registros públicos con entrevistas con los responsables de la empresa para ampliar, completar enriquecer y/o corregir dicha información.

Otro elemento importante que proporcionan las empresas de información, son los servicios de vigilancia activa que avisan, mediante correo electrónico, de cualquier cambio que se produzca en la información o valoración de una cartera de clientes.

Cuando tenemos un elevado número de clientes y prospectos, la única forma de gestionarlos es con un servicio de vigilancia que nos permita centrarnos en aquellos que realmente presentan problemas.

Pedir informes comerciales investigados para todo cliente importante

Su coste es más elevado, pero en determinados casos es una alternativa que debemos valorar, sobre todo si tenemos en cuenta que según un estudio realizado por Iberinform en el 2010 una de cada tres sociedades (550.000 empresas) que el Registro Mercantil identifica como activa en realidad no tiene actividad real.

Las empresas rara vez notifican a los registros su cese de actividad, por lo que la única vía para confirmar si una empresa sigue estando activa es solicitar un informe investigado con entrevista presencial. La falta de información actualizada se reproduce con mayor intensidad en autónomos o cooperativas porque en estos casos no existe prácticamente información pública disponible, y estas son formas jurídicas muy utilizadas por los pequeños empresarios en España.

Por lo tanto, antes de aceptar una venta con pago aplazado de un importe significativo, es recomendable solicitar un informe investigado y actualizado que nos permite conocer la solvencia de la empresa y su comportamiento en pagos; es mejor hacer esperar a un cliente un día antes de enviarle la mercancía que regalarla a un moroso.

No obstante, para que los informes comerciales tengan utilidad práctica es conveniente seleccionar una buena empresa de información que ofrezca informes investigados y que aporte una valoración del riesgo consistente, basada en modelos predictivos fiables, y contrastada con una investigación personalizada, actualizada y reciente.

Hay que tener en cuenta que para conocer a una empresa primero hay que estudiar al empresario. Detrás de cada empresa, hay un emprendedor por lo que la información investigada debe analizar quién está detrás de la razón social ya que la empresa será su fiel reflejo del empresario. Es conveniente conocer la trayectoria del empresario, analizar su actuación en otras empresas, sus vinculaciones empresariales y su comportamiento en cargos anteriores.

 Pere Brachfield, director de estudios de la PMCM y profesor de EAE Business School