La fauna de los morosos

Gracias a un hábitat favorable, y a la ausencia de enemigos naturales, en España se ha desarrollado una especie de morosos profesionales, que los morosólogos expertos en taxonomía hemos catalogado como la del “morosus hispaniensis”. Este ejemplar tipo realiza sus compras sin la menor intención de pagar, pero con su buena presencia y don de gentes siempre encuentra víctimas que le vendan a crédito, y de eso vive: de engañar a sus acreedores.

 

Desde la perspectiva filogenético, el origen evolutivo del moroso actual se remonta a su directo ancestro el pícaro español del siglo XVI, que es sin duda la especie antecesora del “morosus hispaniensis”, puesto que ninguna especie surge por generación espontánea. La reconstrucción de líneas de descendientes del pícaro –bellaco simpático que sobrevivía gracias a su ingenio y al engaño a las gentes honradas– nos lleva al moroso moderno gracias al estudio de la genealogía; de modo que esta es la historia evolutiva del moroso del siglo XXI. Consiguientemente el moroso impenitente lleva el genotipo del pícaro de hace 500 años en sus cromosomas.

El pícaro adquiere carta de naturaleza con la publicación del “Lazarillo de Tormes”, (obra que según los eruditos se escribió entre 1524 y 1553) y gracias a este libro nace la novela moderna –definitivamente formulada cincuenta años más tarde con El Quijote– y un género específico en la literatura: la picaresca. Mateo Alemán con su “Guzmán de Alfarache” dio forma definitiva a la novela picaresca española a finales del siglo XVI. La novela picaresca recibió el espaldarazo con la publicación de “Historia de la vida del Buscón”, escrita por Francisco de Quevedo. Por consecuencia España ha aportado a la cultura universal un género literario propio y genuino: la Picaresca; y ha creado un personaje tan peculiarmente español: el Pícaro.

Con todo el pícaro tradicional era un antihéroe simpático que luchaba para salir adelante en un mundo hostil y miserable. El pícaro engañaba al prójimo, pero con frecuencia era más ético que sus semejantes, mucho más honrado que sus señores. En el fondo el pícaro de antaño era un combatiente contra un sistema injusto y su lucha era contra el hambre. Los pícaros modernos (los morosos empedernidos) no engañan para sobrevivir ni son bandidos generosos que roban al rico para dárselo al pobre; por el contrario embaucan para procurarse una vida fácil sin dar golpe. El pícaro actual defrauda a sus acreedores porque quiere hacerse rico sin esfuerzo.

Fuera de toda duda la vieja piel de toro es una reserva natural para una fauna de morosos recalcitrantes que campa a sus anchas y medra a costa de los incautos acreedores, que se ven impotentes para recuperar las deudas. A través de un largo período de evolución la Península Ibérica se ha convertido en un ecosistema ideal para que vivan en perfectas condiciones una comunidad de morosos magníficamente adaptados al medio y que se nutren de las especies productoras. La interrelación del moroso con su hábitat produce importantes daños al resto de la comunidad. El moroso es un género que ha triunfado, escapando del esfuerzo, del trabajo y del riesgo que tienen que afrontar las otras especies trabajadoras, ahora bien alimentándose a expensas de las poblaciones productivas.

La interrelación de la población de morosos con las otras poblaciones es sin duda la relación parásito-hospedador. Los morosos/parásitos no suelen liquidar a sus hospedadores (aunque con frecuencia las secuelas acaban con la vida del huésped) ya que si éstos murieran, el parásito se quedaría sin su fuente de sustento.

Si un investigador se decidiera a realizar un estudio sistemático de la población de morosos, se quedaría perplejo, ya que observaría una gran diversidad de criaturas y realmente no sabría por dónde empezar. El estudioso puede empezar por estudiar los ejemplares más característicos aisladamente, con el fin de realizar un estudio taxonómico de la fauna y debería comenzar por el gran moroso depredador que pertenece a la especie “Pantera Leo”, o sea el león. Este moroso es fácil de reconocer debido a ciertos rasgos característicos de su personalidad; el león es prepotente, arrogante, vanidoso, de ideas fijas, autoritario, chuleta y siempre habla de sí mismo. Por su forma de actuar también es fácilmente identificable, ya que se autoproclama muy cumplidor y solvente. Si se le hace algún reproche respecto a su falta de pago, se ofende y se enfurece; incluso se vuelve agresivo contra el legítimo acreedor. Nunca hay que herir su sentimiento de autoestima ya que entonces no pagará la deuda aunque le sobre el dinero. Para cobrar a este género de morosos, como poseen un ego muy grande, lo mejor es dejarle hablar y que se sienta importante, pero utilizar una argumentación de cobros que incida en su prestigio; verbigracia: “una persona de su categoría no puede tener esta deuda pendiente ya que si la gente se enterase, le puede perjudicar su prestigio”.

El zorro es otra de las especies más comunes de la fauna ibérica. Este moroso es astuto, precavido, hipócrita, falso, imaginativo, premeditado, calculador, cínico y adulador. El zorro intenta aparecer como un ser amable y colaborador y utilizar argucias y buenas palabras para ganarse la confianza del acreedor. No suele facilitar información sobre si mismo ni sobre su situación económica, y es un maestro en el engaño y en hacer promesas que luego no cumple. Con este tipo de deudores no se pueden dejar las cosas en el aire, ya que sus promesas son ambiguas como por ejemplo:”les voy a hacer un pago lo antes posible” y van destinadas a que el acreedor crea que ha conseguido un compromiso y lo deje en paz una buena temporada. Para recobrar la deuda hay que concretar muy bien los acuerdos de pago (con fechas, formas de pago y cantidades bien concretadas) y no dejarle una vía de escape.

El ratón es otro de los morosos que pueblan nuestra geografía. Este sujeto es tímido, reservado, inseguro, indeciso, débil de carácter, con sentimientos de inferioridad. El moroso ratón tiene miedo del acreedor y se esconde, aunque en el fondo le gustaría llegar a una solución para evitarse problemas. Con este tipo de deudores el negociador debe actuar como un progenitor protector, infundirle seguridad y generar en él un sentimiento de confianza. El gestor de recobros no presionará al moroso, sino que lo debe tranquilizar y transmitirle la idea de que le va a ayudar a salir del problema.

Otra especie de deudor que habita en la Península Ibérica es el mono. Este moroso es parlanchín, travieso, divertido, bromista, irreverente, informal y perezoso. Este sujeto prefiere tomarse a broma la situación ya que para él todo tiene un carácter lúdico. El mono habla mucho pero no dice nada coherente ni consistente, hace bromas sobre su impago y no se toma en serio las advertencias y conminaciones del acreedor. Este tipo de personas tiene como objetivo en la vida pasárselo en grande a costa de los temas y anteponer su propia comodidad a todo lo demás. Para conseguir que pague, lo mejor es hacerle ver las incomodidades y problemas que le van a caer encima si no llega a un compromiso firme. Una buena táctica es estar constantemente detrás del moroso, para que éste se canse y prefiera llegar a un acuerdo ya que este tipo de morosos no soporta la presión constante. Ahora bien el negociador nunca debe reírle las gracias ni seguirle el juego, sino que debe adoptar una actitud seria y distante.

El búfalo es sin duda el moroso más agresivo. A la más mínima incitación se enoja y carga contra el interlocutor. Este individuo es muy irritable y violento, de forma que su mal carácter hace difícil no sólo la negociación sino incluso la comunicación. Además es un personaje obstinado y testarudo, de ideas fijas que se aferra a sus principios. En consecuencia es complicado convencerle de que pague a las buenas, si bien cuando percibe la más mínima presión, reacciona de forma violenta. Para tratar con esta especie de morosos hay que evitar a toda costa las discusiones y enfrentamientos. El negociador nunca debe caer en el error de presionarlo o amenazarlo. La mejor táctica comportarse con extrema amabilidad, escucharle con atención, no quitarle nunca la razón y ganarse su confianza mediante una actitud simpática, empleando a fondo la psicología relacional y las relaciones humanas.

El escorpión tiene unos rasgos de personalidad que lo identifican fácilmente. Es resentido, reservado, hostil, receloso, sigiloso, suspicaz, vengativo, terco y cerebral. Este moroso considera a cualquiera que se le acerque como un posible enemigo. Además es desconfiado por naturaleza y estudia cualquier situación de forma fría y cerebral. El escorpión si se siente presionado por el acreedor, reacciona a la defensiva y puede ser peligroso. La mejor táctica para cobrar a este deudor, es utilizar la simpatía y la capacidad de seducción, lo que requiere cierta inversión de tiempo. Si el deudor es varón y se encuentra en una franja de edad que va de los treinta a los setenta años, lo mejor es que sea una gestora de cobros joven y atractiva, la que lleve el peso de las negociaciones. Una vez que lo haya atraído a su terreno, es posible negociar un acuerdo definitivo.

El erizo de tierra es reconocible porque es pasivo, sumiso, tranquilo, indolente y remolón. Este tipo de moroso basa su estrategia en no reaccionar ante la presión del acreedor y esperar pacientemente a que éste se canse y abandone. Su conducta es totalmente pasiva y aguanta todo tipo de conminaciones del acreedor sin inmutarse. Si se ve perseguido, se enrosca y repliega como una bola y permanece así, pase lo que pase, hasta que el peligro ha desaparecido. Una vez que la amenaza ha cesado (es decir el acreedor se ha aburrido y abandona) el erizo vuelve a su vida normal. Este moroso es exasperante ya que siempre da la razón al acreedor, y aguanta imperturbable reproches y vituperios. Eso sí, nunca aporta soluciones y se limita a aguantar el tipo sin defenderse. Para recuperar el dinero nunca hay que esperar que este moroso nos facilite alguna opción válida. Al erizo le resbalan las amenazas y los insultos no le hacen reaccionar ya que los soporta con sumisión. La mejor táctica es presentarle dos propuestas bien definidas y que escoja la alternativa que mas le convenga. No obstante una vez llegado al acuerdo de pagos, el acreedor debe efectuar un estrecho seguimiento hasta el total cumplimiento del mismo.

Otra especie bastante común de moroso es el avestruz. Este deudor ignora voluntariamente la realidad de su situación, ya que mete la cabeza en el hoyo, pero queda con el culo al aire. El avestruz no afronta las deudas ni le da una solución a sus impagos, sino que prefiere estar en la inopia y vivir tranquilo. La mejor estrategia ante esta clase de deudor es someterlo a un tratamiento de choque para que se conciencie plenamente de la verdad y enfrentarlo con la cruda realidad.

En cuanto a las especies más nocivas de morosos tenemos a los vampiros. Estos deudores se han convertido en auténticos parásitos sociales que se nutren de los fluidos hurtados a sus huéspedes. Estos morosos actúan como auténticos “Nosferatus” económicos, ya que vampirizan de tal modo a sus víctimas, que aparte de chuparles hasta la última gota de sangre (metafóricamente hablando), los convierten a su vez en vampiros financieros –lo mismo que hace Drácula con sus víctimas a las que asesta su mordedura fatídica– de modo que los vampirizados deben de hacer presa en sus propios acreedores para poder sobrevivir.